EMPLEO / TRABAJO / MERCADOS / INVERSIÓN

Christopher A. Pissarides es Catedrático Norman Sosnow de Economía en la London School of Economics. Recibió, junto a Peter Diamond y Dale T. Mortensen, el Premio Nobel de Economía en el año 2010 por sus contribuciones a la macroeconomía y a la teoría de los mercados con fricciones de búsqueda.

El Profesor Pissarides es presidente de la Asociación Económica Europea y ha sido consultor en materia de políticas de empleo del Banco Mundial, la Comisión Europea, el Banco de Inglaterra y la OCDE. Entre los años 2000 y 2007 formó parte del Comité de Política Monetaria del Banco Central de Chipre. Miembro de la Academia Británica, de la Econometric Society, la European Economic Association -y su Consejo-, de la Society of Labor Economists, de la Sociedad Econométrica,y del consejo editorial de la revista Econometrica, Christopher A. Pissarides es socio del Forum for Economic Research en los países árabes. En su última visita a España, pronunció la conferencia “El futuro del empleo en Europa” en la Fundación Rafael del Pino.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Son muchos los que argumentan que la economía no es una ciencia exacta, ya que el factor humano tiene gran importancia en ella. Uno de sus trabajos más importantes, La creación de trabajo y destrucción de trabajo. La teoría del desempleo, realizado con Dale T. Mortensen y publicado en la Review of Economic Studies en el año 1994, ya ha sido actualizado una vez desde entonces. En estos tiempos de aceleración y continua transformación, ¿cuáles son los cambios más importantes de esa actualización? Valorando los acontecimientos de los últimos años, ¿qué conceptos mantienen su actualidad y cuáles modificaría?

PROFESSOR PISSARIDES: Lo curioso de este trabajo es que fue concebido no como una solución a problemas específicos sino como algo aplicable a múltiples circunstancias donde fuese posible analizar situaciones específicas. La estructura esencial poco ha cambiado, aunque las recientes modificaciones que hemos realizado han fomentado la creación de un modelo más simplificado y user friendly.

Gracias a este marco, podemos mirar al mercado de trabajo de una forma global, pues nos permite conocer las interacciones entre la creación y la destrucción del trabajo. Nos provee de los resultados sobre los niveles de los salarios que habría que poner en marcha, teniendo en cuenta la evolución del empleo. Además, nos permite ver cómo estas tres importantes variables reaccionarán a los cambios de la estructura del mercado de trabajo, ya sea estructura institucional o la política laboral. Así que, para responder a su pregunta, no cambiaría nada de este trabajo, pero sí lo adaptaría a las condiciones actuales, introduciendo los nuevos factores que vemos en los mercados laborales.

Uno de ellos podría ser el comercio internacional, que destruye puestos de trabajo por la aparición de entornos más competitivos y, como consecuencia, da lugar a traslados de producción a otros países, pues los industrializados más maduros mueven su fuerza laboral hacia los sectores con alta tecnología y servicios.

F.F.S.: En España tenemos una cobertura de atención social muy amplia y la actual crisis afectará a varios servicios del estado del bienestar. Son muchos los países que van a entrar en una situación de “pobreza” y recesión. Nuestro grave problema de desempleo va a generar una gran desilusión y pérdida del compromiso entre las fuerzas laborales, que habrán de enfrentarse a períodos más difíciles. ¿Dónde debemos aplicar los recortes, de manera que afecten de la forma más positiva posible sobre la evolución del mercado laboral?

P.P.: Si nos preguntamos por qué suben las tasas de interés o cómo han subido los intereses sobre el dinero que se pide prestado, veremos que los potenciales prestamistas son quienes quieren intereses superiores, porque piensan que los riesgos de devolución de los gobiernos son mayores y, como consecuencia, pagarán tarde o mal, lo cual generará compensaciones superiores. La idea de que, a no ser que los gobiernos hagan algo ahora, los potenciales prestamistas querrán un mayor retorno sobre sus préstamos está ahí, pero no es ni la única solución, ni la más adecuada.

Los gobiernos anuncian a los mercados que la actual situación doméstica es difícil y se necesita del apoyo público para recuperarse de la recesión; y que, tras esa recuperación, subirán los ingresos por impuestos lo cual permitirá una reducción de la deuda. En el momento en que se produzca un repunte del mercado laboral y un crecimiento del PIB se generará el estado adecuado -al aumentar los ingresos fiscales- para hacer recortes. Es importante que se permita adquirir inercia a la recuperación económica.

Cualquier prestamista inteligente ponderará la lógica, estará contento con esta alternativa y no reclamará intereses más elevados a la hora de prestar dinero a los gobiernos, como es el caso del Reino Unido. Ahora bien, es fundamental tener confianza en el compromiso de los gobiernos. En España tienen ustedes un nuevo Gobierno que, tradicionalmente, tiene más credibilidad a la hora de enfrentarse con los recortes sociales. Lo que estamos viendo es cómo esa credibilidad está teniendo resultados directos.

F.F.S.: Entonces, si tenemos en cuenta lo que nos explica, y  añadimos a la ecuación la devaluación de la libra, ¿tenemos algunas de las claves de la situación británica? Ahora bien, los recortes han sido muy importantes.

P.P.: Pienso que si los recortes hubieran sido menores, podrían salir de la difícil situación en la que se encuentran de una forma más sencilla.

La realidad es que nuestras economías están muy abiertas, tanto dentro de Europa como hacia el exterior. La competencia tanto desde los BRIC como de otros entornos es muy intensa. Debido a esto, el sistema económico que nos puede ayudar a alcanzar un nivel de competitividad suficiente como para generar prosperidad ha de realizar sus actividades en un mercado libre. En términos de creación de riqueza, en el entorno globalizado en el que vivimos, se necesita un mercado libre con pocas interferencias públicas. Pero, al mismo tiempo, soy muy consciente de que esta posición acarreará desigualdades y pobreza.

Por ello pienso que este mercado libre, aunque es el adecuado para la generación de la riqueza, no lo es para la distribución de la misma. Ese sistema da demasiado a muy pocos. Es aquí donde necesitamos la ayuda de los gobiernos, que han de intentar conseguir un equilibrio entre una economía de libre mercado –para aumentar la competitividad de la misma– y la distribución de la prosperidad que dicho mercado proporciona de una forma más amplia entre la población, especialmente entre las áreas de ingresos bajos y los desempleados.

Si analizamos la situación norteamericana, vemos que han tenido éxito desde la perspectiva de la prosperidad. Es, indudablemente, la economía más potente y fuerte del mundo, pero no están en las primeras posiciones de lo que llamaríamos distribución equitativa de la riqueza. En Estados Unidos hay mucha pobreza, en muchos casos relacionada con la raza y el origen. Ese no es un buen resultado para un país que se considera “un éxito” global.

También podemos comprobar cómo hay muchos gobiernos que se van desplazando hacia posiciones más conservadoras. Aunque diría que es algo positivo para la recuperación económica, la Historia nos demuestra que no han sido los más eficientes en la inclusión social. Aun a riesgo de descubrir mis “preferencias” políticas, creo que algo al estilo del laborismo de Tony Blair –que no intentó revertir las reformas de Margaret Thatcher– es mucho más inclusivo.

F.F.S.: Nos decía Michael Portillo, ministro de Margaret Thatcher, que la evolución de los partidos políticos tendía a desocupar los extremos y concentrarse en el centro. Las diferencias entre unos y otros son cada vez menores, y políticas que antes se consideraban muy socialistas hoy forman parte del núcleo conceptual de los partidos tanto de derechas como de izquierdas. Es decir, se han alcanzado logros sociales que han sido absorbidos por todo el espectro como normales. Si a esta “normalización” añadimos los retos a los que nos vamos a enfrentar: 7 billones de habitantes, guerra comercial por los recursos naturales, graves problemas medioambientales… tendremos que ser innovadores y radicalmente diferentes en nuestra aproximación a los problemas. ¿Qué dirección habremos de tomar?

P.P.: En primer lugar, no estoy para nada de acuerdo con la afirmación de que la Tierra no tenga recursos suficientes para sostener a 7 billones de personas. Este argumento es un clásico argumento malthusiano. Además, en su pregunta se entremezclan argumentos sobre diferencias sociales entre países y diferencias entre ricos y pobres en el mismo país.

Son tres argumentaciones de origen diferente y con causas diversas. Respecto de los recursos naturales, aún no sabemos las cantidades existentes de los recursos naturales tradicionales. Soy chipriota, un país que jamás tuvo recursos naturales. El año pasado se descubrieron ingentes cantidades de gas natural, capaces de satisfacer las necesidades europeas durante décadas. Continuamente encontramos nuevos recursos. Para quienes puedan pensar que esto es una vaga especulación, la tecnología podrá gestionar estos problemas, pues descubriremos nuevas formas de generar energía, y no solo del sol y del viento. Tanto en Chipre como en Israel, la existencia generalizada de agua caliente solar es ya un hecho. Antes o después, la instalación de energía solar será viable a nivel doméstico. Un físico me comentaba que Grecia, cuando solucione sus actuales problemas, podrá obtener ingentes cantidades de energía eólica gracias a lo ventoso de su entorno y a la existencia de miles de pequeñas islas desiertas en el Egeo. Resumiendo, no creo que vayamos a tener un problema de recursos naturales.

Otro tema del que hablaba es que hay mucha pobreza, y que los pobres desean vivir como se vive Europa. Hace 200 años, el 30% de la producción mundial provenía de China (el mayor contribuyente al PIB mundial). Hoy China solo produce un 7-8% de la producción mundial. Creo que dentro de 30 años volverá a alcanzar los niveles de 1800. Incluso los países que son pobres encuentran, de una forma u otra, su camino de crecimiento. Hemos aprendido lo suficiente en los últimos dos siglos de industrialización como para saber aquello que es necesario para que los países crezcan.

A los economistas puede sorprendernos que el mayor impedimento para el crecimiento económico sean las políticas inadecuadas o malas, por encima de la falta de recursos naturales u otros obstáculos. La forma en la cual se gestiona una economía es esencial. ¿Por qué Uganda está tan atrasada? Sencillamente, porque un dictador estuvo al mando. ¿Por qué hay tanta diferencia entre Corea del Norte y Corea del Sur? La diferencia radica en los gobiernos. Los ejemplos son muy abundantes, incluso entre países más desarrollados, como ocurría con las dos Alemanias. Antes o después, los países entran en procesos de reformas y despegan, sirva como ejemplo mi predicción de que China volverá a tener un 30% del Producto Interior Bruto mundial. Además, el país crece tan deprisa porque todo el mundo está orientado hacia la creación de riqueza, y no a meterse en revoluciones políticas cuyo final nunca es conocido. También India, aunque todavía tiene importantes reformas estructurales que acometer, lleva el mismo camino. Espero que unos países crezcan y otros aprendan de ellos y sigan su mismo camino. Quién habría pensado que la Unión Soviética, una gran potencia militar, sería desmantelada debido a una mala gestión económica. Quién habría esperado que los árabes se levantarían contra sus líderes por la opresión y la mala gestión económica. Creo además que, en el caso de Egipto, si la situación económica hubiera sido diferente el pueblo no se habría alzado contra su líder.

Con esto, contestamos al tema de los recursos naturales y al por qué unos países son tan pobres en comparación con otros.

F.F.S.: Nos queda el tercer punto: ¿por qué hay tanta diferencia entre ricos y pobres en un mismo entorno?

P.P.: En esta situación es cuando se requiere una acción gubernamental más refinada e inteligente para poder combatir la pobreza. Pienso que los Estados Unidos no han tenido éxito en esta acción, siendo como además son la nación líder. Los problemas de la distribución de la riqueza, lejos de disminuir, se acrecientan. En este sentido la tecnología moderna, en un entorno de mercado libre, actúa de tal manera que las desigualdades aumentan.

Algunos financieros y empresarios acumulan grandes cantidades de dinero obtenidas a través de la prestación de servicios. Se pregunta uno por qué. La respuesta radica en los costes y naturaleza de los servicios que estos proveen a terceros, pero ¿de qué servicios hablamos?: esencialmente hablamos de inversiones financieras a nivel global.

Ahora bien, si damos un paso atrás y reflexionamos desde la distancia, nos asalta una pregunta: ¿deben recompensarse estos servicios tal y como se hace hoy?

Evidentemente, frente a una demanda de servicio siempre habrá quien la satisfaga, lo cual no justifica que estos proveedores de servicios gocen de tremendos ingresos frente a otros proveedores de servicios como pueden ser la sanidad, la educación u otros. No encuentro justificación para esta disparidad. No estoy en contra de estos servicios que proveen personas como George Soros, siempre y cuando cuando al salir a la calle no me encuentre gente durmiendo por el suelo.

F.F.S.: Una de las mayores satisfacciones que un poseedor del Premio Nobel puede tener es ver cómo sus trabajos y estudios son implementados de forma positiva en la sociedad. Nos comentaba Robert Aumann (Nobel de Matemáticas de 2004) la satisfacción que obtuvo cuando su nieto le dijo que, como estudiante de Medicina, estudiaba su Teoría de los nudos en relación al plegamiento de las espirales de ADN. ¿Qué satisfacciones le ha provocado la aplicación de sus teorías?

P.P.: Me fascina mucho algo que Keynes dijo en la introducción a la Teoría General: “Mi objetivo inicial es influenciar a mis colegas. Desde allí influenciar a los gobiernos porque, aunque no nos demos cuenta, cada política gubernamental aplicada nació de la mente de algún economista ya fallecido”. Espero no tener que ser un difunto para que mis teorías se apliquen.

En un primer momento, te hace feliz que tus colegas se sirvan de tu teoría. De repente, y en entornos que desconoces, ves cómo hay estudiosos que dicen que utilizaron el modelo de Pissarides para algo. Eso te llena de satisfacción, pues algunos de ellos, utilizando mi estructura -que generé a los 28 años-, tienen cosas que decir. Esto va en línea con el objetivo de Keynes.

Pensando más allá, lo que observaba es que se puede marcar la diferencia en el entorno del empleo. Mi objetivo esencial cuando trabajaba en estos temas era poder influir de forma positiva sobre el desempleo. Cuando ves algunos países del norte de Europa, como Dinamarca o Suecia, siguiendo casi al pie de la letra aquello que escribí –como el Reino Unido en la New deal policy– uno se siente reafirmado en la línea que decidió seguir de joven.

F.F.S.: Son muchos los que argumentan que nuestra sociedad sufre problemas éticos, pero, ¿qué importancia tiene la ética en nuestro mundo  globalizado? ¿Hasta qué punto afecta el cortoplacismo –y los déficits éticos que conlleva– a nuestra sociedad y su capacidad de desarrollo?

P.P.: Coincido en pensar que es un problema, y muy importante. Desconozco la solución, ya que es algo que padecen todas las sociedades democráticas sometidas a ciclos cortos. Los problemas a los que actualmente nos enfrentamos, ya sean económicos o la necesidad de inversión o la longevidad social, etc., requieren de planificaciones a largo plazo. En cambio, estas planificaciones están en manos de gestores que tienen un ciclo de vida muy corto, debiendo rendir cuentas a su Consejo de Administración, el cual demanda resultados rápidos.

Esta idea generalizada de satisfacción inmediata que permea la sociedad afecta de forma adversa a amplias áreas. Desconozco cuál sería el mejor sistema político. Cuando los sistemas democráticos fueron concebidos en la antigua Atenas, no tenían los problemas de longevidad que tenemos, ni la actual complejidad económica. Aplicar hoy el sistema de entonces es complicado, pero no tenemos una alternativa. Lo que sí es evidente, y en eso estamos todos de acuerdo, es que hace falta tener una perspectiva a más largo plazo, y me produce satisfacción que ya hay economías trabajando en este sentido. La “behavioral economy” tiene un enfoque más a largo plazo y espero que pueda aportar sugerencias que permitan mejorar conductas, evitando volver a caer en los mismos errores.

Otro problema es la corta memoria que tiene el electorado. Hay quienes argumentan que la razón que ha tenido el Gobierno británico para implementar medidas tan duras en tan corto plazo es la esperanza de que, llegado el momento de las próximas elecciones, los electores hayan olvidado el impacto que estas produjeron. Personalmente, creo que esta forma de pensar es errónea.

 


Entrevista publicada en Executive Excellence nº87 dic11

 

 

 

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