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Luis de Guindos Jurado, economista español, pertenece al Cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado. Es director del Centro del Sector Financiero de PwC e IE Business School, una institución única en España e independiente de Bancos y Cajas de Ahorros, que analiza los retos que afronta el sector financiero español e internacional, el futuro de la regulación y supervisión del sector, y los cambios que deben acometer las entidades de crédito para evitar nuevas crisis financieras.

Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía, vinculado a las dos instituciones, dirige este Centro.

 

Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por CUNEF, ha sido socio-consejero de AB A sesores, secretario de la revista Información Comercial Española, vocal asesor del secretario de Estado de Economía y jefe del Gabinete Técnico de la Secretaría General de Comercio.

En diciembre de 1996 fue nombrado director general de Política Económica y Defensa de la Competencia, y en mayo de 2000 fue designado secretario general de Política Económica y Defensa de la Competencia. Fue secretario de Estado de Economía en el último gobierno de José María Aznar (2002-2004), siendo sustituido por David Vegara. Después fue nombrado miembro del Consejo asesor para Europa de Lehman Brothers, y más tarde responsable de la división financiera de Price Waterhouse.

De Guindos ha dirigido y escrito informes y publicaciones sobre el sector financiero, entre los que destaca la obra Pasado, presente y futuro de las cajas de ahorros, o la coordinación de la recientemente presentada España, claves de prosperidad.

Junto a Ricardo Martínez Rico y Pedro Solbes, inauguró el ciclo de conferencias “La España del Nuevo Decenio”, una actividad cultural puesta en marcha por la Fundación Mutua Madrileña, en colaboración con la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, para profundizar en los retos de la sociedad española en la presente década.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: La ex directora de la Asociación bancaria de Canadá, Nancy Hughes Anthony, nos decía en el número anterior que el impacto de los activos tóxicos en ambos países, Canadá y España, fue muy leve (3% y 4%, respectivamente). Si no hemos sufrido el mismo impacto que otros países europeos (como Alemania, Inglaterra, etc.), ¿por qué estamos mucho peor que ellos?

LUIS DE GUINDOS: Estamos mucho peor que ellos desde el punto de vista del mercado laboral, es decir, la caída del PIB en España no ha sido superior a la de la media de la zona euro, incluso ha sido menos intensa que en el caso de Alemania desde el año 2008 al 2010. La diferencia fundamental es el mercado laboral. De hecho, los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA) son muy significativos.

Durante la crisis, en España hemos destruido casi el 12% de todos los puestos de trabajo del sector privado que existían con anterioridad a ella, algo que no ha ocurrido en ningún otro país. ¿Por qué sucede aquí? Creo que tiene que ver con varias cuestiones: la primera, el peso de la construcción, un sector que en las épocas buenas genera mucho empleo; y en las malas, lo destruye; además en segundo lugar, por nuestra regulación laboral. La normativa del mercado de trabajo en España fomenta que, de alguna forma, en las épocas de crisis destruyamos mucho más empleo; es decir, cuando cae la demanda de una empresa, el ajuste típico en España es echar a los temporales. Algo que tampoco ocurre en el resto de Europa.

Si bien es cierto que aquí no había subprime, en el sentido americano del término, sí existían otros problemas de fondo en la economía nacional. Por ejemplo, mucho crédito promotor (el crédito promotor y constructor suponen aproximadamente 420.000 millones euros, lo cual es aproximadamente el 40% del PIB); en segundo lugar, una burbuja inmobiliaria muy intensa, tal vez de las más grandes de toda la zona de la OCDE; y, por último, una acumulación de pérdida de la competitividad.

Sin embargo, creo que el elemento diferencial no es tanto el tema subprime como el deterioro del mercado laboral, con una intensidad sin precedentes en España. Es curioso que, incluso países rescatados (Portugal, Irlanda y Grecia), no hayan tenido el deterioro laboral que hemos padecido nosotros.

F.F.S.: Comentaba Finn Kydland, Premio Nobel de Economía de 2005, que es esencial un entorno normativo estable a largo plazo como condición sine qua non para garantizar el crecimiento de las naciones. ¿Hasta qué punto la credibilidad de un país depende del logro de ese entorno?

L.D.G.: Es muy importante. El tema de las instituciones, la regulación, el compromiso con la estabilidad financiera y fiscal... Todas ellas son cuestiones importantísimas para un país. Nadie se evade de la crisis, y de ésta era imposible hacerlo, pues la ha sufrido todo el mundo, incluso los países emergentes, que son los que más han crecido desde 2007.

Sí existen, sin embargo, dos cuestiones que diferencian a los países: la profundidad de la crisis en sí misma y cuán rápido se sale de ella. El problema de España no ha sido tanto la profundidad de la crisis, en términos de caída del PIB, como en términos de deterioro laboral; sumado a una salida de la crisis mucho más lenta que los países de nuestro entorno. En este sentido, el tema de la regulación y de la estabilidad institucional juegan un papel fundamental.

F.F.S.: “Haber pasado por las trincheras es esencial para dirigir y aconsejar”. Ésta es una frase avalada por varios altos directivos entrevistados (como Emilio Moraleda, ex presidente EMEA de Pfizer, o el ex ministro Eduardo Serra). Vivimos en un entorno político donde las personas sólo han tenido carrera en un partido, y en un entorno empresarial de prejubilaciones y pérdida de talento. Por su ejercicio en diferentes sectores, ¿en qué medida considera que esa falta de experiencia y de “haber pasado por las trincheras” afecta al éxito en la gestión de alto nivel?

L.D.G.: Creo que, con las debidas “barreras chinas” tanto de entrada como de salida, es bueno tener una experiencia del sector privado para después ejercer la labor de Gobierno, porque esas vivencias del sector privado permiten entender posteriormente la problemática de tus regulados y comprender que no todo es tan sencillo como parece ni se resuelve poniendo normas en el BOE.

Añadiría una segunda cuestión: a veces hay una especie de casta de políticos profesionales que no es buena, pues entran en la política muy jóvenes y continúan ahí toda su vida. Vivimos en sociedades complejas, al igual que lo son las economías, y adquirir una especialización muy específica puede limitar su capacidad de entendimiento global de las mismas.

Sin embargo, también considero que la clase política en España es mucho mejor y más honesta que la percepción que el ciudadano tiene de ella; aunque, sin duda, tener una visión desde el ámbito empresarial y de la sociedad civil ayuda mucho en la posterior experiencia y ejercicio de Gobierno.

F.F.S.: La sociedad española, frente a la sociedad anglosajona por ejemplo, penaliza el fracaso. ¿Por qué somos tan críticos, dentro del entorno de la gestión, frente a aquéllos que han fracasado?

L.D.G.: En mi opinión, tiene mucho que ver con la propia tradición y mentalidad de las economías anglosajonas: si tú fracasas en un proyecto, lo cierras y aprovechas los activos rentables para utilizarlos en otra actividad y empezar de nuevo, sin que el fracaso anterior suponga un estigma. Esto no ocurre en la mentalidad y realidad españolas, donde el concepto de emprendimiento (entrepreneurship) no está tan acendrado ni imbricado; aunque también creo que esto empieza a cambiar. El hecho de que tengamos unas magníficas escuelas de negocios tiene mucho que ver.

Su labor ha ayudado a generar una clase empresarial joven española, mucho más internacionalizada, en la cual creo que este estigma del fracaso se asume mucho mejor, e incluso le dan la vuelta. Es decir, el fracaso es una fuente de experiencias e incentivos, que sirven para aprender a evitarlo en el siguiente proyecto empresarial. En este sentido, las escuelas de negocios españolas enseñan que, a veces, el fracaso es el primer paso para un éxito posterior.

F.F.S.: El Embajador de los Estados Unidos en España aludía en una de sus últimas conferencias que uno de los factores en este entorno es la ley de quiebras norteamericana, la cual genera una capacidad de reacción muy interesante. ¿Existe la posibilidad de que se haga en el futuro una ley de este tipo orientada a fomentar el emprendimiento en España?

L.D.G.: Aquí ha habido una mejora. La última Ley Concursal es mejor que la anterior, aunque todavía carecemos de la agilidad necesaria. Es el proceso de destrucción creativa, del que hablaba Schumpeter, es decir, lo que permite la Ley Concursal es medir un proyecto fracasado y sacar inmediatamente al mercado aquellos activos reutilizables para empezar a funcionar. En el caso de Lehman Brothers, por ejemplo, el día después de la declaración de concurso, inmediatamente el Banco Americano se vendió a Barclays y la parte europea, unos días más tarde, se vendió a Nomura, lo que pone de manifiesto esa flexibilidad de la que hablamos.

En este sentido, otra cuestión muy importante son los jueces. En España, el tema ha mejorado con la creación de los Juzgados de lo Mercantil, pero evidentemente no existe tradición y se requiere de unos jueces con conocimientos contables, económicos y empresariales, que sean absolutamente conscientes de la importancia de la fidelidad en todos estos procesos.

F.F.S.: En los últimos números, hemos tenido la suerte de estar con gestores de banca privada de muy alto nivel y todos coincidían en que si bien la deuda pública no es excesiva en nuestro país, la global supera en 3,5 veces el PIB. Si fuésemos una empresa, estaríamos en quiebra. ¿Por qué no se enfatiza esta situación de la deuda global y se intenta separar las dos cosas?

L.D.G.: Desde el caso irlandés, creo que los mercados están viendo ambos componentes, tanto de deuda privada como pública. Al inicio de la crisis, Irlanda tenía uno de los mejores ratios de deuda pública, pero cometió un error: el Gobierno irlandés da un cheque en blanco a su banca, que había tenido enormes problemas desde el punto de vista de la concesión de crédito y sufrido una burbuja inmobiliaria, y los problemas de la banca se empiezan a trasladar el sector público. En estos momentos, Irlanda tiene unos ratios de deuda pública muy elevados.

Desde entonces, creo que se ha empezado a enfatizar mucho más la relación entre deuda pública y privada, y se mira globalmente la situación. Es evidente que debemos evitar errores “a la irlandesa”, es decir, tú puedes garantizar estrictamente los depósitos en los bancos, aunque habría que ver si, ante un problema de ajuste bancario, el sector privado (es decir, los bonistas) no tiene que sufrir algún tipo de ajuste en sus inversiones al respecto. Actualmente, ésta es una cuestión abierta al debate público y considero que, en el futuro, se aceptará la posibilidad de reestructuraciones con quitas en la deuda privada por parte de los bonistas en los bancos privados.

F.F.S.: Reino Unido, nos decía el ex ministro británico Michael Portillo, tuvo suerte porque pudo encontrar un camino a través de una decidida acción sobre los presupuestos, coincidiendo con un proceso electoral y teniendo una herramienta como la de la devaluación. Nosotros no tenemos esa opción. ¿Será suficiente para España la parte de reducción y austeridad o tendremos que entrar en un proceso de quita?

L.D.G.: La política económica de España tiene que tener una doble mano. Por un lado, el tema de la austeridad es muy importante, especialmente en Comunidades Autónomas y en la Seguridad Social, donde el deterioro laboral se va a reflejar en sus cuentas. Por otro, hay que recuperar el crecimiento económico.

La economía de un país es igual a la familiar o empresarial, es decir, si no se generan ingresos, por mucho que reduzcas costes (y ésos son los programas de austeridad) no vas a generar el excedente para pagar la deuda. De manera que necesitas el doble enfoque: austeridad más crecimiento económico, generador de ingresos. Eso deriva en las reformas: laboral, fundamentalmente la negociación colectiva (que veremos si se cierra o no el acuerdo); en el ámbito de mercados de bienes y servicios, como el sistema de los horarios comerciales o de los mercados de alquiler; y también en el saneamiento definitivo del sistema financiero español. En estos momentos, no hay crédito y el poco que existe se concede únicamente a los riesgos malos, que son los que de alguna forma se mantienen porque los bancos no pueden reconocer que son malos, es decir, se está dejando seca la financiación a la parte buena. Vivimos un proceso de selección inversa que está afectando negativamente a un montón de pequeñas y medianas empresas que no tuvieron nada que ver con la burbuja de crédito del año 2007, que siempre se han comportado correctamente y con prudencia, y que en esos momentos ven que el crédito está cerrado.

F.F.S.: Hoy no hay dudas sobre la teoría de Darwin y todo el mundo ratifica que, en cualquier entorno, sobrevive el más fuerte y preparado. Sin embargo, muchas de las empresas de nuestro país parecen no querer aceptar que la globalización nos está enfrentando a situaciones fuera de nuestro alcance (las condiciones que pongamos han de considerar la deslocalización, la competencia por las materias primas, la excelencia en la formación y la gestión...). Son situaciones a las que nos enfrentamos desde la perspectiva de obstáculos, y no como retos a superar para conseguir el éxito. ¿Por qué se obvian estos factores a la hora de considerar nuestra situación como empresa y como país?

L.D.G.: Evidentemente formamos parte del mundo y estamos implicados en sus flujos comerciales y financieros. La economía española es absolutamente abierta a la economía mundial y no se va a aislar de lo que en ella ocurra y sus tendencias. Desde el punto de vista empresarial, creo que sí ha habido un proceso de aceptación de la globalización. Las empresas españolas compiten fuera, y lo hacen bastante bien. Si vemos la evolución de nuestra cuota de mercado de las exportaciones de bienes y servicios, es bastante estable.

Sin embargo, creo que hay partes de la economía española que, en cierta manera, están al refugio de la competencia internacional, como es el sector público y el sector de la construcción, o una parte del sector servicios; pero, por el contrario, el industrial, lógicamente abierto a la competencia, o el turístico aceptan la necesidad de ser competitivo globalmente. ¿Qué ocurre? Esta crisis ha golpeado fundamentalmente a los sectores que estuvieron al refugio de la competencia internacional, porque eran los menos eficientes, y además se había generado una burbuja tanto desde el punto de vista del crédito como de los precios activos, sobre todo en el sector inmobiliario. El gran reto de España es coger todos estos recursos -laborales, financieros, activos..., que acumulamos durante muchos años y que estaban defendidos de la competencia internacional- y reasignarlos hacia los sectores de futuro abiertos a la competencia internacional. Es un esfuerzo duro, en ocasiones doloroso, pero es imprescindible.

Según la EPA del primer trimestre de 2011, existen ya 2.100.000 parados, de los 4.900.000 totales, de larga duración, es decir, que llevan más de un año en paro. Esta situación pone de manifiesto el problema de reasignación de mano de obra desde sectores sin futuro hacia los que sí lo tienen. Ahí es donde se hace imprescindible la flexibilidad que antes comentábamos. Mucha gente alejada del mercado laboral significa descapitalización desde muchos puntos de vista; incluso, aunque el sector industrial está yendo bien, ligado a las exportaciones, sigue expulsando empleo. No nos podemos quedar en la frivolidad de si hemos llegado o no a los 5 millones de parados, sino discernir que, si bien el primer trimestre siempre es malo desde el punto de vista del empleo, si lo desestacionalizas sigue habiendo 150.000 puestos de trabajo destruidos en los primeros tres meses.

Además, esa destrucción de empleo se da en todos los sectores. Aunque en 2010 el sector servicios creó un poco, también hay 100.000 funcionarios más, con lo cual si se le quita su empleo público -que no será sostenible en el tiempo por razones de restricción presupuestaria- también destruyó empleo. Mientras no haya creación de empleo, el ajuste presupuestario y bancario serán muy difíciles de realizar; es decir, no habrá más ingresos, la Seguridad Social cada vez tendrá más problemas, etc. Sin creación de empleo, la morosidad de la banca seguirá creciendo y es muy difícil darle la vuelta al plano inclinado de los precios de inmobiliarios. Ésa es la clave.

F.F.S.: Tradicionalmente en España, los centros de estudios financieros han estado ligados a instituciones que, quiérase o no, tenían sus propios intereses. Acaban de crear en el IE, con PwC, el Centro del Sector Financiero como una entidad independiente, ¿cuáles son los objetivos del Centro?

L.D.G.: El principal es, de forma absolutamente abierta, poner a disposición del mundo académico, financiero y de los responsables políticos, ideas sobre la evolución del sector financiero en el mundo, en España, y su interrelación con la macroeconomía.

La interrelación entre el riesgo soberano y el riesgo bancario es una de las cuestiones más importantes que estamos viviendo en esta crisis, por eso creo que es necesario hacer aportaciones absolutamente independientes a dicho debate. El hecho de no depender de ningún banco, caja ni asociación bancaria nos confiere una gran independencia. Por supuesto, nuestros informes son públicos y no facturamos absolutamente nada. Nuestra única pretensión es aportar a este debate a través, por ejemplo, de los estudios y las jornadas que vamos organizando.

En estos momentos, uno de los problemas fundamentales de España es la reestructuración de las entidades financieras, fundamentalmente de las cajas de ahorros. La ausencia de crédito va a hacer difícil la recuperación, como ya estamos viendo, de manera que todo lo que sea una aportación a dicho debate me parece muy positivo.

 


Entrevista publicada por Executive Excellencen nº81 may11

 

 

 

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