Categoría: Alta Dirección

Recién celebrada la pre-COP21 en París por parte de 70 Estados miembros y con el buen sabor tras la última sesión negociadora de octubre en Bonn (Alemania), donde se avanzó en el texto que será la base del paquete que deberá concluirse en la Cumbre; nos reunimos con el secretario de Estado de Medio Ambiente, Pablo Saavedra. 

“Si bien quedan aspectos técnicos por perfilar, la sensación tras estar en reuniones en los pasillos e intercambiando impresiones con otros países de toda condición –desarrollados y en desarrollo, de diferentes latitudes y con distintos sistemas políticos– es que existe un convencimiento general”, afirma el secretario.

Los avances producidos en cuestiones fundamentales hacen prever una Cumbre próspera: “No se trata de lanzar un acuerdo que entre en vigor dentro de cinco años, sino que desde ahora mismo los países –una vez presentadas sus contribuciones– deben empezar a revisar y a medir”. En este sentido, el impulso de la Unión Europea para concertar esa revisión y convenir que cada cinco años sea la periodicidad adecuada parece haber sido indispensable. 

Gracias a Pablo Saavedra, conocemos algunos de los pormenores de esta cita global, cuya cuenta atrás está tocando a su fin. 

EXECUTIVE EXCELLENCE: Si algo es destacable de los procesos de preparación de la COP21 es la cualificación de los equipos negociadores españoles. Arnaud Leroy, diputado francés implicado en esta Cumbre, así lo ha destacado en varias ocasiones. ¿Qué valores subrayaría del equipo de negociación español?

PABLO SAAVEDRA: Resaltaría su capacidad técnica y de liderazgo, que se ha puesto de manifiesto en el creciente peso que España tiene en estos procesos sobre el cambio climático; un peso que, si bien inicialmente no era elevado, con el trabajo de los últimos años en las sucesivas cumbres así como en las negociaciones internacionales de diferentes ámbitos, no ha hecho más que crecer y recibir reconocimiento. 

Además de en los trabajos de la Unión Europea, que culminaron con la formación de una posición común –donde España participó activamente en la avanzadilla de países que presionaron por conseguir objetivos ambiciosos de cara a París–, el valor del equipo nacional se manifiesta también en la vertiente de cooperación internacional con Iberoamérica.

Como saben, las relaciones con Iberoamérica se cimientan en una red iberoamericana de Oficinas de Cambio Climático, cuya secretaría es ejercida por España desde su creación hace 11 años. A lo largo de las Cumbres anuales, así como de las diferentes iniciativas, talleres, etc., que han generado medidas de cooperación con esos países, España ha ido ganado un prestigio merecido en el ámbito iberoamericano. 

Más recientemente, en la pre-COP21 de París, he podido ver con mis propios ojos ese peso y reconocimiento hacia los negociadores españoles. Es un equipo joven, pero ya experto. Diferentes países acuden a ellos para valoraciones de todo tipo en aspectos de cooperación. Cualquiera que asista a esas reuniones internacionales, tanto formales como “de pasillo” –que son a veces tanto o más importantes– es consciente de la importancia del equipo negociador español.

Precisamente por esa ambición y peso técnico de nuestros negociadores, España se ganó un puesto en el foro Green Growth Group. No es casualidad, sino una consecuencia del trabajo realizado y del impulso dado a todo el proceso. Por eso nos sentimos muy orgullosos de este reconocimiento.

E.E.: La percepción sobre la problemática medioambiental difiere mucho de unos países a otros. Prueba de ello es la caída de ventas de vehículos diésel Volkswagen en los Estados Unidos, mientras que en otras zonas la empresa no se ha visto afectada. ¿Cómo calificaría la sensibilización social de España frente al reto medioambiental?

P.S.: Diría que ha cambiado radicalmente en los últimos años. Se ha producido una clara sensibilización por parte de la sociedad española. El informe sobre concienciación de 2013 elaborado por la Fundación Mapfre revela que nueve de cada 10 españoles consideran que el cambio climático es una realidad que está causada por la actividad humana. Seis de cada 10 estiman incluso que la concienciación no es suficiente, exponiendo que se necesitan más medidas y mayor aceptación internacional sobre los riesgos que genera el cambio climático. 

Si comparamos la realidad española con la mundial, vemos que se ha producido un cambio muy significativo en pocos años. Iniciativas como “Un millón de compromisos por el clima”, el portal impulsado desde este ministerio para involucrar a la sociedad española, tiene por una parte el efecto de demostrar la concienciación social de cara a la COP21 de París. Tenemos recogidos más de 600.000 compromisos; no obstante, animo a que todo el mundo se convenza de que esto es un problema de todos.

De la misma manera que los países desarrollados están animando e intentando facilitar a los países en desarrollo la adopción de políticas que ayuden a la transición a una economía baja en carbono, debemos tener conciencia de que esto es un problema global. La experiencia que estamos viviendo con estas campañas de sensibilización es muy positiva, no solo porque muestran el compromiso sino por el efecto que causan en cada una de las personas.

El ejercicio de entrar en este sitio web, u otras páginas, no significa necesariamente que vayas a descubrir cosas que desconocías sobre la necesidad de una economía más sostenible o que inmediatamente tiendas a hábitos más responsables, pero entrar y analizar los diferentes compromisos en materia de ahorro de agua y de eficiencia energética, de economía circular o de gestión de residuos, sí genera un movimiento de acción para que las personas comprueben lo que se puede hacer de manera individual. 

Suscribir una serie de compromisos personales contribuye a que cambien los hábitos de consumo. Sobre esa base, podremos construir verdaderas políticas nacionales e internacionales de cambio climático; políticas no desconectadas de esa concienciación de las personas, de las empresas y de las entidades públicas o privadas que tienen algo que aportar en esta materia. Se ha avanzado mucho, y hoy la sociedad española está concienciada; pero siempre se puede hacer más.

E.E.: Nuestra involucración en la COP21 es superior a la de otras Cumbres. ¿Cómo se gestiona esta responsabilidad, teniendo en cuenta además que Susana Magro –muy involucrada en las negociaciones– y otras personas clave del equipo español ya no forman parte de él? 

P.S.: No quisiera responder sin dejar de reconocer el excelente papel que ha tenido Susana Magro. El recuerdo que ha dejado como persona y profesional es magnífico. Somos muchos, entre los cuales me encuentro, quienes hemos podido construir una amistad con ella y ha sido un grandísimo placer compartir tres años de trabajo.

La realidad es que las personas no son indispensables; sino que lo indispensable es el trabajo realizado y por realizar. Tanto el de Susana –ahora en otros compromisos profesionales– como el del ex secretario de Medio Ambiente, Federico Ramos –a quien ha llamado la vicepresidenta del Gobierno–, están ahí para que todos lo puedan comprobar. 

Ahora nos toca a otros seguir edificando sobre lo que ellos ya han construido. Los equipos que han tenido a su cargo siguen estando reconocidos y continúan esa larga trayectoria que les ha aportado prestigio y experiencia como grupo.

Se trata de un equipo muy joven, pero que lleva tiempo participando en las negociaciones, y que cuenta con una gran preparación técnica; con lo cual la experiencia adquirida es excelente. Todos ellos dominan tanto los aspectos técnicos del cambio climático como los de la negociación internacional. 

Tras la salida de Susana Magro, ha llegado Valvanera Ulargui, la nueva directora de la Oficina Española de Cambio Climático, cuya experiencia es amplísima y que además ya trabajaba en las negociaciones internacionales sobre cambio climático; con lo cual, creo que la continuidad y el éxito de las políticas españolas están garantizados.

E.E.: Hablando de continuidad y éxito, antes de su nombramiento como secretario de Estado, ejercía usted como director general de Sostenibilidad de la Costa y el Mar, siendo responsable de la elaboración, por primera vez, de una “Estrategia de Adaptación de la Costa al Cambio Climático”. ¿Cuáles son los peligros y las posibles consecuencias del cambio climático para un país cuyas costas son un ejemplo internacional, no solo por extensión y calidad sino por cómo son gestionadas y cuidadas?

P.S.: En España tenemos la suerte de tener una costa muy amplia (10.000 km.) y variada entre la Península y las islas. Nuestras costas tienen una riqueza extraordinaria, con lo cual tenemos una responsabilidad a ese nivel: extraordinaria. Hemos de mantener y cuidar este patrimonio para disfrutarlo y que pueda ser disfrutado por las generaciones futuras. Como responsable de las costas españolas hasta hace cinco meses, he podido conocer de cerca esta valiosísima realidad. 

La comunidad científica nos ha dejado muy claro que existen riesgos que han de ser tomados en consideración. Uno de ellos, el más evidente, es el ascenso del nivel del mar. El calentamiento global provocó deshielo y, como consecuencia, es constatable un aumento de varios centímetros de las costas, desde la época preindustrial hasta hoy.

Existen otros riesgos asociados al calentamiento global que no podemos obviar. Cada vez son más intensos y frecuentes los temporales. El cambio en la dirección del oleaje, aunque menos llamativo, igualmente provoca grandes riesgos sobre la conformación de nuestro litoral. La degradación de los ecosistemas ambientales ligados a la transición tierra–mar es otro factor a proteger, y es necesario explicar a la población el papel decisivo que juega en la conservación de esa franja litoral, estrecha pero muy necesaria para la protección de la costa. Si no somos conscientes de ello, estaremos condenados a repetir los errores. No solo debemos adoptar medidas, sino ponerlas sobre la mesa para que todo el mundo las conozca y pueda convencerse de la importancia que la población juega en este problema. Creemos más en la concienciación y los incentivos para generar políticas sostenibles que en la imposición, que se ha demostrado menos eficaz.

Como mencionaba, en esta legislatura se puso en marcha la Estrategia de Adaptación de la Costa al Cambio Climático. Partiendo de un análisis global, obtuvimos un diagnóstico pormenorizado de nuestras costas. A partir de ahí, se establecieron medidas de adaptación de las costas al cambio climático, al tiempo que se integraban otras políticas –no específicamente medioambientales o costeras, pero que sí estaban relacionadas–, como la gestión urbanística.

Se ha puesto en marcha un nuevo plan PIMA (Plan de Impulso al Medio Ambiente), denominado Adapta, dirigido específicamente a la adaptación de los ecosistemas ante los efectos del cambio climático y priorizando la protección de los ecosistemas costeros.

Para el año que viene se aumentarán las dotaciones en un 40%, de manera que vayamos consolidando una serie de medidas puestas en marcha. Es decir, que las primeras experiencias están teniendo efectos muy positivos, sobre todo comprobando sus consecuencias. 

Actualmente estamos tratando de integrar todas estas acciones dentro de la estrategia global de cambio climático que, con otras políticas sectoriales, generan un mayor índice de protección de nuestras costas.

E.E.: Uno de los equilibrios más difíciles de sostener es el del cumplimiento de los objetivos ambientales de la UE y la competitividad de cada una de las industrias nacionales, especialmente considerando la Directiva europea sobre comercio de derechos de emisión. ¿Cómo se consigue armonizar esta cuestión?

P.S.: Estamos trabajando en ese equilibrio. De hecho, en las negociaciones sobre el nuevo sistema europeo de comercio de derechos de emisión se tiene en cuenta dicho equilibrio. Ahora bien, es esencial destacar la inexistencia de contradicciones entre la competitividad empresarial y la sostenibilidad medioambiental. Estos dos aspectos –competitividad y sostenibilidad– están inexorablemente ligados. 

Sobre esta base, hay mecanismos para garantizar el equilibrio. La experiencia del comercio de derechos de emisión, como hasta ahora lo hemos conocido, incorporaba como parte fundamental de este sistema la asignación gratuita de derechos de emisión; eso sí, ligada necesariamente a la competitividad de las empresas. Ahora mismo, estos sistemas se están perfeccionando para mejorar los mecanismos de equilibrio, donde la cuestión de los riesgos de la fuga de carbono tiene que jugar un papel fundamental. 

Es cierto que, hasta ahora, la experiencia en la aplicación del sistema resalta la imposibilidad de establecer una deslocalización de inversiones como consecuencia del sistema de derechos de emisión, y esto se ha de perfeccionar. Tenemos que ser realistas y adaptarnos a la necesidad de descarbonizar nuestra economía, pero creemos que es necesaria una transición y que los objetivos medioambientales se pueden conseguir con costes económicos a corto plazo; lo cual, insisto, no significa que uno colisione con el otro. 

Un desarrollo realmente sostenible y sano a medio largo plazo pasa necesariamente por la mayor sostenibilidad de nuestra industria. La competitividad a medio largo plazo pasa porque nuestras industrias y empresas sean más eficientes y faciliten la transición hacia una economía baja en carbono y con menos emisiones. De lo que se trata es de no penalizar a nadie y no crear costes en términos de productividad y empleo, sino que hay que generar las condiciones para que las empresas lo puedan realizar de la mejor manera. 

Indiscutiblemente, el futuro tendrá que avanzar hacia la innovación tecnológica para obtener una mayor eficiencia energética. Esto es una parte esencial de la hoja de ruta de la Unión Europea para los próximos años; y, en ese modelo global, tiene que encajar el nuevo sistema europeo de derechos de emisión. 

E.E.: Decía el presidente Hollande que estamos ante el comienzo de una revolución energética en el mundo. ¿Realmente es así? 

P.S.: Estoy convencido de que tiene que ser así, no hay otro camino. Este es el mundo que debemos gestionar, y exige una revolución de los procesos productivos. Afortunadamente, las señales de que hay un convencimiento en la comunidad internacional son claras.

El salto cualitativo con respecto a Cumbres anteriores es enorme. Hemos pasado de llegar al Protocolo de Kioto como máximo logro en la lucha contra el cambio climático con compromisos concretos, donde éramos pocos los países desarrollados involucrados –los cuales hemos avanzado mucho en la eficiencia energética y en la reducción de las emisiones, aunque representásemos solo una pequeña parte de ellas–, a una concienciación de la comunidad internacional en su conjunto.

También tenemos señales políticas evidentes en los últimos meses, como la declaración del G-7, las cumbres bilaterales entre Estados Unidos y China o la más reciente entre Francia y China; y confiamos en que el G-20 dé una señal potente en este sentido en breve plazo. 

Por el momento, la plasmación práctica de ese compromiso son las contribuciones nacionales. Han sido 160 países los que han presentado sus compromisos concretos y medibles de reducción de emisiones, lo cual representa el 80% de la comunidad internacional y el 90% de las emisiones globales, porque incluyen los grandes emisores: Estados Unidos, China, India, Rusia y Unión Europea. Hemos avanzado mucho, aunque todavía hay que mejorar.

Si además en la Cumbre de París, como espero, conseguimos un acuerdo vinculante en el que se consideren esos compromisos como punto de partida –aunque no suficientes, porque son necesarios procesos periódicos de revisión–, estaremos en un camino de no retorno y que significa que todos estamos asumiendo que es necesaria la revolución energética.

E.E.: ¿Cuáles son las perspectivas en materia de financiación?

P.S.: Se prevén importantes acuerdos sobre financiación. Todos los países desarrollados estamos intentando transmitir a los países en desarrollo confianza en que esto nos lo tenemos que tomar muy en serio y que algunos tenemos más responsabilidad que otros. 

Ahora mismo se han alcanzado 60.000 millones de financiación movilizada internacional; de modo que parecen darse señales positivas para lograr que esté completamente asumido el objetivo de 100.000 millones como base a partir del año 2020. 

También es fundamental la ayuda a los países en desarrollo no solo con las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero, sino con inversiones concretas para la adaptación, la cuestión de los daños y perjuicios, etc.; son muchas las cuestiones y muchas las señales que nos permiten concluir con un mensaje optimista y de futuro. 

Más allá de los términos concretos, que podremos ver a partir del 11 diciembre, está claro que vivimos un momento de no retorno en el que es clave reconvertir los modelos productivos hacia modelos bajos en carbono y sostenibles.

Me gustaría insistir en la idea de que todos tenemos en nuestra mano –cada uno con sus pequeños gestos–, la posibilidad de contribuir a que la concienciación internacional que ya existe se traduzca en avances diarios hacia la transición a una economía baja en carbono.

E.E.: A finales de 2014 se creó el Grupo Español de Crecimiento Verde. ¿Cómo valora la implicación de nuestras empresas?

P.S.: Creo que podemos sentirnos totalmente orgullosos. Este Grupo de Crecimiento Verde integra algunas de las empresas más importantes de nuestro país en un mensaje clarísimo de que todos estamos llamados a una economía más sostenible. Las obligaciones exigibles son para los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales, pero que las empresas asuman e impulsen la necesidad de políticas respetuosas con el medio ambiente es fundamental.

En mi última cena con el Green Growth Group europeo, una de las cuestiones que se destacó y a la que se le dio la bienvenida, fue precisamente al Grupo Español y a la declaración de Barcelona, lanzada en la Carbon Expo de mayo de 2015. Creo que estos gestos hacen que, incluso quienes pudieron ser reticentes, vean que es necesario abrazar este nuevo camino.


Entrevista publicada en Executive Excellence nº125 noviembre 2015

 

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