Categoría: Alta Dirección

Yves Saint-Geours llegó a Madrid a mediados de septiembre de 2015 para ejercer su cargo de “embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Francesa ante el Reino de España”. Diplomado de Estudios Avanzados Ibéricos e Iberoamericanos y Catedrático de Historia, es un profundo conocedor de la cultura hispana. 

 

Con más de 40 años de servicio público, sus últimas responsabilidades han sido las de presidente del Ente Público del Grand Palais de París (2007-2009), miembro del Consejo de Asuntos Exteriores (2008-2009), embajador en Brasilia hasta 2012, y director general de Administración y Modernización del Ministerio de Asuntos Exteriores hasta agosto de 2015.

Apenas dos meses después de su incorporación, Yves Saint-Geours nos recibe en la Embajada de Francia en España. Las relaciones bilaterales, la crisis migratoria o el desafío de la COP21 son algunos de nuestros temas de conversación con el embajador.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Sr. Embajador, ¿hasta qué punto son importantes las relaciones empresariales franco-españolas?

YVES SAINT-GEOURS: Son fundamentales, no solo porque somos países vecinos, sino porque nuestras empresas –las españolas en Francia y las francesas en España– se han desarrollado mucho y han promovido la libertad de los intercambios y la globalización.

El tejido empresarial francés en España es enorme. De hecho, nueve de las 100 compañías más grandes de este país son francesas, como es el caso del sector del automóvil (con Renault y PSA o los neumáticos Michelin), de la distribución (con Carrefour o Alcampo), de las telecomunicaciones (con Orange) o de la cosmética (con L’Oréal), etc. Es difícil dar una cifra exacta de las empresas francesas implantadas en España, porque hay filiales, empresas indirectas, españoles que profesionalmente están vinculados con Francia, etc., pero son más de 2.000 empresas, más de 300.000 empleos y 82.000 millones de euros de facturación. Es decir, la presencia es muy fuerte y el resultado financiero es impresionante.

Me gustaría destacar el esfuerzo de las empresas francesas en España por seguir invirtiendo y preparándose para el futuro durante la crisis. A pesar de la caída del sector inmobiliario, Saint-Gobain se mantuvo y continuó trabajando para las siguientes etapas, Peugeot y Renault hicieron inversiones e incluso contrataron recursos humanos confiando en un nuevo crecimiento. Ahora, todas ellas están listas para acompañar la recuperación iniciada en los dos últimos años. 

No solamente hay una presencia importante en los servicios y la industria, sino que las empresas francesas están en casi todos los sectores. Tenemos grandes y conocidas compañías, pero necesitamos un mayor número de empresas francesas medianas y pequeñas para lograr que nuestro tejido económico en el exterior sea más tupido, como sucede con las pymes españolas en Francia. 

F.F.S.: Europa está viviendo momentos complicados con la inmigración. Francia siempre ha demostrado una gran capacidad de integración y convivencia con la diversidad, además de estar liderando la resolución de la crisis con los refugiados sirios. ¿Qué lecciones del entorno francés deberíamos seguir para caminar hacia una mayor integración en la UE?

Y.S-G.: En primer lugar, hablaría del reto de la integración económica y monetaria de Europa. Las propuestas de España a favor de una mayor integración y una mejor gobernanza han sido muy relevantes, y debemos tenerlas en cuenta porque compartimos la misma visión. 

La crisis griega y las anteriores crisis de deuda pública de los países de la zona euro han demostrado que debemos tener más Europa. Necesitamos ir mucho más allá para adoptar herramientas financieras y económicas capaces de gobernar el sistema y evitar las crisis. Debemos conseguir un verdadero presupuesto europeo y tener una capacidad anti-cíclica del sistema; de lo contrario, nos enfrentaremos a problemas graves.

Hay que reconocer que la urgencia de la crisis migratoria y el terrorismo han motivado un cierto retraso en la agenda de la unión económica y monetaria. A las pautas ofrecidas en el informe de los cinco presidentes presentado en junio para reforzar la unión, siguió una primera idea franco-alemana, la propuesta española y ahora estamos esperando a lo que suceda en el próximo Consejo Europeo (NdeR. Esta entrevista tuvo lugar un día antes del Consejo Europeo del 15 de octubre de 2015, que resolvió abordar esta cuestión en la reunión del mes de diciembre). La realidad es que, de momento, no estamos avanzando en unas reformas concretas.

Es necesario alcanzar un gobierno financiero europeo y una capacidad real de prever y funcionar con absoluta legitimidad democrática, es decir, no algo hecho solamente por tecnócratas sino también con la capacidad de los gobiernos y los parlamentos de acompañar y aceptar lo que se propone. No es una tarea sencilla, pero es urgente contar con más herramientas para un gobierno económico de Europa.

Cuando en 2008 estalló la crisis, todos se dieron cuenta de que teníamos que hacer algo, y así se hizo por parte del Banco Central Europeo y con la toma de diferentes decisiones bancarias y económicas. Sin embargo, todavía hoy no disponemos de las herramientas adecuadas. Creo que es una cuestión en la que debemos avanzar rápidamente.

Con respecto a la crisis de los refugiados, compartimos con España la visión de una política global que no solamente resuelve la cuestión ante la emergencia inminente de los refugiados llegando a las costas, sino generando políticas de cooperación, de desarrollo, de retorno, de prevención, de seguridad, etc. 

Creo que España tuvo una reflexión hace años y tomó sus medidas para afrontar esta situación exitosamente. Obviamente, aún queda mucho por hacer a nivel europeo. Tanto Francia como España decidimos acoger refugiados pero, al mismo tiempo, somos conscientes de que hay que pensar en políticas de largo plazo. En este sentido, la experiencia de España es muy fructífera.

F.F.S.: Volviendo al tema de la integración de la diversidad y la tradición de Francia al respecto. ¿Cómo aconsejaría gestionar la “cuestión catalana” en nuestro país?

Y.S-G.: Tenemos historias realmente diferentes. Es interesante ver hasta qué punto dos pueblos europeos vecinos como lo somos franceses y españoles pueden tener una trayectoria histórica tan próxima y tan diferente al mismo tiempo. 

En Francia hay una historia de largo plazo –que abarca casi 800 años– de centralización progresiva del sistema que empieza mucho antes de la Revolución Francesa, aunque con ella se consagra en un modelo absolutamente integrador, que realmente ya tiene más de dos siglos de historia. Esta larga vivencia hace que en nuestro territorio, la relación del ciudadano con el Estado central sea muy fuerte, en comparación con la que puede tener el ciudadano español. Es decir, no se puede transmitir ni exportar ahora un modelo que depende de casi mil años de historia. 

Dicho esto, creo que nuestro sistema tiene ventajas e inconvenientes. Esta larga historia hace que consideremos que cada ciudadano, sin distinción de origen, sea igual ante la ley. Así lo establece el artículo primero de la declaración de los derechos humanos, parte integrante de nuestra Constitución, “libres e iguales en derechos”.

La actual diversidad cultural, étnica y social plantea obstáculos para que esa igualdad se realice, más allá de los derechos, en los hechos. El reto está en cómo practicar la libertad e igualdad en la sociedad. Es algo que debemos afrontar y que no es fácil de manejar en las escuelas, en los suburbios, etc. No es sencillo garantizar la igualdad con personas que vienen de todas partes y que, a pesar de ser individuos libres e iguales en derechos, son tan diferentes. Sin embargo, considero que seguir con esos valores y principios, que son la columna vertebral de nuestro sistema, nos proporciona una gran estabilidad. Por eso, cuando hablamos de diversidad, hay que pensar que vivimos en sociedades de igualdad y de libertad y que todos los hombres tenemos los mismos derechos. Creo que nuestro mensaje permanece igual, a pesar de las dificultades de los tiempos.

Ahora bien, España tiene su propio camino y, no me cabe ninguna duda, el mismo anhelo de igualdad de derechos y oportunidades. Nosotros, como vecinos, consideramos la experiencia española desde la Transición con mucho interés y mucho respeto y confiamos en la capacidad de la democracia española para construir sus consensos, dentro de su tradición propia.

F.F.S.: Uno de los grandes proyectos en la agenda global de este año es la COP21, que se celebrará en París a finales de 2015. La potencia y los recursos movilizados por Francia para conseguir un acuerdo en esta cita son llamativos. ¿Qué representa la COP21 para ustedes y qué trabajo están desarrollando?

Y.S-G.: Para nosotros es fundamental, no solo porque Francia preside y acoge la reunión, sino porque se han perdido algunas oportunidades en el pasado, y no podemos permitir que vuelva a suceder.

Hoy somos conscientes de los problemas del calentamiento global y de las graves consecuencias de no lograr un acuerdo. Debemos tomar decisiones que nos comprometan a 20-30 años de distancia , porque si bien la emisión de gases de CO2 seguirá creciendo de todos modos, si conseguimos ahora un compromiso, lograremos que en 2025 las emisiones empiecen a estabilizarse, para después ir disminuyendo. 

En la COP21 se dan circunstancias diferentes a las concurridas en la Cumbre de Copenhague de 2009. Entonces yo era embajador en Brasil y puedo afirmar que no se había preparado la movilización de los Estados de antemano. Es decir, cada Estado llegó a la Conferencia sin saber qué camino escoger y defendiendo sus intereses particulares. No hay que olvidar que muchos de ellos eran países en desarrollo que necesitaban energía para prosperar y competir globalmente (era el caso de China, India, Brasil…). Además, los científicos no llegaban a un acuerdo sobre el efecto del hombre en el cambio climático. 

Hoy los Estados saben qué deben hacer, los científicos no tienen ninguna duda y, sobre todo, la sociedad civil se ha movilizado para que no solamente decidan los gobiernos sino que también ella pueda ayudar y fomentar este movimiento. Con estas tres condiciones, sí podemos llegar a un acuerdo en París a finales de año. La toma de conciencia es fundamental, y por eso soy optimista.

Además, en estos meses se ha ido desarrollando la Agenda de las soluciones –o Plan de Acción de Lima a París– por parte de los Estados, los científicos y la sociedad civil. En definitiva, muchas buenas prácticas que permiten lograr un objetivo de ahorro energético y de producción de energía limpia y renovable. No se trata solo de pasar del carbón al sol o al viento, sino, por ejemplo, de construir inmuebles energéticamente eficientes. Esto es cuestión de regiones, de ciudades, etc. Todos participamos en esta acción colectiva.

La semana pasada, los bancos internacionales decidieron aportar más dinero para este fin y la mayoría de los 195 Estados de la ONU han presentado sus compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La UE fue la primera en presentar su compromiso, a ella le siguieron EE.UU. y China, entre otros. Desde la Embajada, trabajamos para movilizar nuestra propia red. Por ejemplo, a finales de noviembre, tenemos una reunión en la Residencia Francesa para presentar las conclusiones del grupo de trabajo franco-español sobre el desarrollo del vehículo eléctrico y las infraestructuras de recarga en los corredores entre Francia y la Península Ibérica. 

Para nosotros, para nuestra diplomacia francesa, el planeta como pilar de nuestra acción es muy importante, especialmente ahora que estamos en la recta final para llegar a la COP 21. Estoy convencido de que tanto el acuerdo como el seguimiento imperativo posterior serán tan fundamentales como lo está siendo el camino para llegar a conseguirlo. 

F.F.S.: El editor de The Economist nos decía en su visita a Madrid que para poder mantener el estado del bienestar en los países europeos tiene que haber una revolución en los Estados que –según Wooldridge– pasa por el aumento de la competitividad y de la eficiencia de las estructuras públicas. Usted ha sido director general de Administración y Modernización en París. ¿Qué se puede hacer para aumentar la eficiencia y mantener los servicios públicos?

Y.S-G.: Los funcionarios con responsabilidad estamos obsesionados con este asunto. Yo llevo más de 40 años como funcionario en Francia y no quiero abandonar el modelo social de mi país. Creo que lo primero que debemos preguntarnos es qué tipo de valores y objetivos queremos fortalecer, y qué debemos cambiar para alcanzarlos. De lo contrario, moriremos de burocracia.

En esta acción, nos gustaría que los ciudadanos fuesen más conscientes de que los servicios públicos no son proporcionados por un Estado ajeno, sino que el Estado son ellos. Creo que es necesario un mayor trabajo de pedagogía sobre el hecho de que los servicios públicos son cosa de la gente, y seguramente esta pedagogía se debe acompañar de otras formas de administración de esos servicios públicos, en las cuales los ciudadanos participen más para tomar conciencia de que se financian con sus recursos y son finalmente suyos y no ajenos (escuela, salud, transporte…).

En segundo lugar, se pueden conseguir márgenes de eficiencia. Durante muchos años, en Francia tuvimos una acumulación de capas en la Administración, cuando es absolutamente necesario simplificar y así evitar redundancias. Ya hemos empezado a hacerlo en el mapa territorial, y ahora en el mapa de los servicios y de las administraciones, porque hay muchas pequeñas cosas que son útiles, pero que se pueden reorganizar ganando eficiencias desde el punto de vista de la productividad administrativa. 

Por supuesto, hay mucho que hacer con lo digital, con esa “Cuarta Revolución” de la que habla Adrian Wooldridge. Por ejemplo, en mi cargo de director de Administración y Modernización en París, conseguimos digitalizar tres cuestiones fundamentales: el registro civil, las visas y la contabilidad. Esto permitió la simplificación del sistema, una mayor competitividad, ahorro energético, de tiempo… y un ahorro en el papel del 60%.

Cambiar para conservar el modelo social pasa por la movilización ciudadana, por la implementación de reformas rápidas, por la simplificación y por la digitalización.


 

Entrevista publicada en Executive Excellence nº125 noviembre 2015.

Esta entrevista fue realizada antes de los atentados de París del 13 de noviembre. Sirva como homenaje a las víctimas y muestra de la convivencia pacífica de dos naciones.

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