Según el secretario general de la Organización Mundial del Turismo, el jordano Taleb Rifai, “vivimos en la era de la movilidad de las personas, en la cual viajar ha dejado de ser un lujo para convertirse en un derecho”. De hecho, según las estadísticas que maneja la OMT, para 2030 se espera que haya 1.800 millones de personas viajando. Esta explosión del turismo internacional plantea un horizonte de oportunidades bien conocidas por el Sr. Taleb Rifai, cuya experiencia en el sector turístico es ingente.

Antes de su actual responsabilidad que asumió en el 2010, fue secretario general adjunto de la OMT durante tres años. De 2003 a 2006, fue subdirector general de la Organización Internacional del Trabajo y, con anterioridad, ocupó diversas carteras ministeriales en el Gobierno de Jordania, donde fue ministro de Turismo y Antigüedades –mandato durante el que actuó como presidente del Consejo Ejecutivo de la OMT–, ministro de Información y ministro de Planificación y Cooperación Internacional. Entre sus responsabilidades previas se encuentran, entre otras, la Dirección General de la Empresa de Cementos de Jordania, y de la Sociedad de Fomento de las Inversiones de Jordania.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Es obvio que la democratización de los viajes no ha hecho más que acentuarse y que para algunos países, como España, el turismo es crítico para su equilibrio económico. ¿De dónde venimos y a dónde va el sector?

TALEB RIFAI: En 1950, al final de la Segunda Guerra Mundial, 25 millones de personas viajaban internacionalmente. En 2015, 66 años después, lo hicieron 1.184 millones de turistas, es decir, casi 1,2 billones (americanos) de personas viajaron a otro país. Esto significa que el equivalente a uno de cada siete habitantes de nuestro planeta realiza un viaje internacional al año. 

Viajar hoy es una revolución. Las personas han desechado sus caparazones y han comenzado a salir por el mundo. Nunca antes en la historia habíamos visto nada parecido; no hay ni un solo sitio bajo el sol que haya escapado de la curiosidad de la humanidad. Si uno observa un mapamundi, no encontrará un solo lugar al cual una organización turística no le pueda llevar. Puede tardar 24 o 72 horas, pero llegará. La tecnología nos ha provisto de vehículos de dos, tres o cuatro ruedas, de barcos, aviones… que nos permiten llegar donde deseemos. Lo curioso es que, una vez allí, encontraremos a alguien sonriendo, esperándonos a las escalerillas del avión y deseándonos una feliz estancia.

Viajar ha pasado de ser un lujo a un derecho en nuestra sociedad. En el siglo pasado, un aristócrata británico podía viajar a China o India, y a la vuelta publicaba las memorias de su periplo. Esos relatos eran la única forma que las personas tenían de acercarse entonces a otros países exóticos. El hecho de que hoy el equivalente a una de cada siete personas viaje fuera de su país –sin tener en cuenta que entre seis y siete millones de personas lo hacen dentro de sus países–, nos da una idea de la importancia que viajar ha adquirido en nuestras vidas. Vivimos en la era de la movilidad de las personas. Históricamente, comenzamos transportando los bienes (comercio), después los capitales (instituciones financieras y bancos), para continuar con la era de la información y el desplazamiento de datos. Ahora hemos entrado en la era de la movilidad de las personas; en la era de los viajes. 

Dentro de 50 años, quien eche la vista atrás nos calificará como la generación que empezó a viajar, aunque nosotros vivamos este cambio de forma muy gradual, sin percibir la amplitud de esta transformación. Después de esta entrevista, posiblemente me vaya a cenar a París, y a la mañana siguiente viajaré a Nueva York para mantener una reunión, y después pasaré el fin de semana en un congreso en México. Lo que hoy se puede hacer era impensable hace muy poco. Esta es la realidad en la que vivimos, y no va a cambiar.

Según las estadísticas, para 2030 se espera que haya 1.800 millones de personas viajando, y esto según las estimaciones más conservadoras. El incremento de las clases medias motivará el aumento de los viajes, pues la capacidad de gasto será superior. Desde la perspectiva del gasto, llama la atención que en los presupuestos de cada familia se destine, de forma regular, una partida para viajes, algo que no ocurría hace unas décadas. 

Infografía de la Organización Mundial del Turismo.

F.F.S.: ¿Qué impacto tiene este aumento de los viajes en la economía?

T.R.: Uno de cada 11 puestos laborales en el mundo es generado de alguna forma directa o indirecta por el turismo. 285 millones de empleos han sido creados por el turismo. El 10% del PIB mundial proviene del turismo, y el 30% del comercio y los servicios mundiales dependen de los viajes. 

Por lo tanto, el impacto del sector es brutal. Para mí, existen dos revoluciones que están cambiando la vida de las personas actualmente: la revolución tecnológica y la de los viajes. 

Infografía de la Organización Mundial del Turismo.

F.F.S.: Los países orientales van a tener una relevancia creciente en el mundo del turismo, pero es difícil cuantificar el efecto que eso tendrá sobre la Unión Europea, que continuará siendo uno de los polos de atracción. ¿Cuál es su opinión sobre el turismo que proviene del área Pacífico, India y China?

T.R.: Cuando hablamos de las nuevas tendencias en el turismo, uno de los aspectos que más se tiene en cuenta es el desplazamiento del centro de gravedad hacia el este y el sur. Históricamente, la mayoría de quienes viajaban lo hacían en dirección a, o desde, Europa. Hasta el día de hoy, entre el 52% y el 55% de quienes viajan así lo hacen. El hecho es que mientras que los números continúan creciendo –y los viajes en Europa aumentaron un 5% el año pasado–, el porcentaje del mercado global europeo será cada vez más pequeño. El pastel crece, aunque la porción europea disminuye y se distribuye de forma más liberada y justa. 

Los países del Este, y especialmente la zona de Asia y sobre todo China, son parte del nuevo escenario de esta ecuación. Este año China generó 149 millones de turistas y, por cuarto año consecutivo, es el primer mercado turístico del mundo. Ha gastado 292 billones de dólares en turismo internacional el último año, y ya ha superado ampliamente a Alemania, que tenía entre 80 y 82 millones de turistas alemanes al año, duplicando esa cifra. Pero esto es solo la punta del iceberg. 

El crecimiento de la clase media china y la curiosidad que demuestra su sociedad hacen esperar que el crecimiento de turistas chinos a Europa no haga más que ascender. Llama la atención los hábitos de consumo chinos, ya que cualquiera que salga de su país lleva encargos de compra de su entorno familiar y amistades. Es decir, un chino se gasta su dinero, el de su familia y el de sus amigos cuando hace un viaje. Incluso si solo observamos este fenómeno desde una perspectiva económica, la capacidad de consumo per cápita de un chino supera los 2.000 dólares por viaje, lo cual es más del doble que la media del gasto de los europeos, que asciende a 900 dólares por viaje. 

Resumiendo, Europa continuará siendo la piedra angular del turismo mundial y seguiremos creciendo, si bien perderemos cuota de mercado. Hay nuevos países que están accediendo al turismo, como India, Tailandia, Malasia o Indonesia, y países latinoamericanos, como Brasil, Argentina o México, que no hacen más que crecer turísticamente. Todo esto se une a los mercados tradicionales, como Estados Unidos, Canadá y Japón. Estimamos que Asia ocupará en el año 2030 un 30% de la cuota de mercado, siendo su posición actual del 22%. 

F.F.S.: Este escenario será positivo para aquellos países que obtienen su equilibrio en la balanza de pagos gracias al turismo, como Francia o España. ¿Qué pueden hacer estos destinos para resultar más atractivos?

T.R.: La gente se desplaza de un país a otro para conocer una nueva realidad, esa es la motivación central del turismo. Cualquier intento de cambiar la personalidad y forma de ser de un país para contentar no funcionaría. 

No hace mucho tiempo estuve en las Maldivas, y no había ni un turista chino entonces. Un año después, el 62% de los visitantes eran de ese país. ¿Cómo es posible? Las Maldivas había realizado promociones en China, proponiéndose como un destino turístico de alto nivel, de lujo. Quienes viajaron allí no fue para ver unas Maldivas “chinas” sino conocer las Maldivas como son. 

No es necesario realizar ajustes culturales, pero sí mostrar educación y consideración hacia quienes nos visitan. La principal barrera que encuentran los turistas es el idioma, y en este caso deberían existir muchos más traductores, más publicidad y documentación en chino, etc. A Europa le gusta conservar su carácter europeo, pero ha de reconocer que el mundo se está abriendo y que no somos el único destino turístico.

En algunos destinos, los locales piensan que, independientemente de lo que hagan, el turismo siempre seguirá llegando. Quizás eso sea cierto por el momento, pero dudo que lo sea en el futuro. Hay que reconocer la necesidad de seguir siendo competitivos y un polo de atracción por precios, calidad, marketing y, sobre todo, por educación y cortesía hacia el turista. Algunos países europeos están perdiendo esta actitud, y es algo que me preocupa.

F.F.S.: 2015 ha sido el mejor año turístico para España en términos absolutos: 68 millones de turistas. Sin embargo, algunas regiones españolas comienzan a poner restricciones a la construcción de hoteles de lujo, por ejemplo. Un país que debería convertirse en la Florida de Europa comienza a sentir presión política frente al turismo. ¿Qué consecuencias puede tener esta actitud negativa? ¿Por qué son los partidos populistas quienes la lideran?

T.R.: En primer lugar quiero dejar claro que el gobierno actual ha realizado una excelente política en turismo, y lo mismo podría decir de los gobiernos precedentes. En la última década, las políticas y actitudes no solo han sido consistentes, sino también excelentes en relación a la promoción del turismo en España. 

De hecho, el haber podido superar esta última crisis financiera es consecuencia en gran parte del turismo, pues ha contribuido de forma muy importante al empleo. En aspectos menos cuantificables, el turismo español ha mantenido la imagen del país en el exterior. Por eso creo que es el motor económico de España. Marca España es un claro ejemplo de la alineación del Gobierno y de los sectores productivos para impulsarlo. 

La diversidad cultural y geográfica, la belleza, la gastronomía y las múltiples riquezas de España son los cimientos de este sector. Además, el conocimiento y la experiencia que tiene el sector empresarial turístico español es tan importante como cualquier otro, franceses incluidos. Si 2015 fue un año récord, 2016 seguirá con la misma tendencia. 

El mayor peligro es la falta de voluntad política por reconocer la importancia que tiene, y debe seguir teniendo, el turismo en nuestra economía. En muchos países, hemos visto cómo penaliza este cambio de actitud. Podría nombrarle de memoria más de tres docenas de destinos que tienen los elementos y el potencial para transformarse en una nueva España: lugares con una gran cultura, bellos paisajes, un maravilloso mar, una excelente cocina... Al final, no es lo que uno tiene sino lo que uno hace con lo que tiene. 

Lo más importante para desarrollar el turismo es que exista la voluntad política de querer hacerlo. Fijémonos en Dubai, que ha construido un gran destino turístico de un país que, en esencia, no tenía nada. Todo esto nace de una voluntad política de hacerlo, junto con una actitud seria frente al turismo. 

Mi única recomendación a los nuevos partidos es que se tomen muy en serio este sector –esto quiere decir no imponer demasiados impuestos, aportar las suficientes infraestructuras, considerar los puestos de trabajo que genera, etc. – y que no lo releguen a un segundo plano.

F.F.S.: Parece que populismo y turismo son conflictivos entre sí.

T.R.: Hay una falsa creencia que tiende a ver la sostenibilidad y el crecimiento como opuestos e incompatibles. Quienes defienden esta postura piensan que el crecimiento en cualquier sector es el enemigo, por eso el turismo les genera dudas. Pero el crecimiento no es malo per se, lo que puede llegar a ser pernicioso es cómo se crece. Cualquier afirmación de un político que diga que no quiere más turismo es una afirmación equivocada. Puede protestar por no haber diversificado correctamente la oferta o por no haber distribuido a las personas razonablemente, pero si hay alguien al que le asusten los números del turismo, solo está demostrando su incapacidad personal, y no un problema generado por este sector.  


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Esta entrevista fue publicada en Executive Excellence nº131 jun/jul 2016  -  Fotos de Eduardo Serrano Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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