Dice Antonio Garrigues Walker que, “en el Renacimiento, se consideraba un ser culto a aquel que conocía el saber de su tiempo”. En su caso, una curiosidad incesante y su gran capacidad de trabajo le han llevado a conocer, y en muchos casos a practicar, algunos de los saberes de nuestro tiempo. Nacido en un ambiente liberal e intelectual, Garrigues no solo es un referente internacional entre los juristas, sino en la sociedad. 

Actualmente, es presidente de honor del bufete Garrigues y presidente de la Fundación Garrigues, así como miembro del grupo español de La Comisión Trilateral y presidente de honor de España con ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados). Antonio Garrigues ha prestado asesoramiento legal al Gobierno español en materia de legislación económica e inversiones extranjeras; y asesora a gobiernos extranjeros de EE.UU., Japón, China y Australia. Es también Doctor Honoris Causa por varias universidades y fue designado Abogado Mundial por el Centro de la Paz Mundial a través del Derecho.

Durante la VII edición de Mentes Brillantes, organizado por El Ser Creativo –empresa que realiza eventos en los que se ponen de manifiesto las mejores ideas para cambiar el mundo–, Garrigues dispuso de 21 minutos, el tiempo máximo de las ponencias de este congreso, para hacer un llamamiento al optimismo, algo natural para quien se considera “sin derecho al pesimismo”. En su intervención, apeló “a la solidaridad para regenerar el sistema” y “al comportamiento ético, un tema especialmente complejo”.

“La codicia económica mata, porque no tiene límite. Todavía no hemos eliminado ese proceso infeccioso de la sociedad y seguimos teniendo una profunda codicia”, afirmó. “Está bien que nos demos cuenta de que la ética es rentable por sí misma, pues es lo único que genera eficacia, sostenibilidad y, sobre todo, felicidad. Y una persona es feliz, si está conforme con su ser y con lo hace”, declaró. “Que nadie crea que en un mundo competitivo ser ético es fácil, porque ser competitivo consiste en ser más que el otro, mejorar lo que hace el otro o sustituir al otro. Esto plantea problemas de conflicto de intereses, y ahí es donde funciona la conciencia y el tener una idea muy clara de qué puedo hacer, y qué no”.

Garrigues animó a los presentes a aceptar la complejidad y la incertidumbre propias del mundo en que vivimos –y que se agradarán con los años–, para después “atrevernos con ellas, porque se puede convivir con ambas; e incluso se puede convivir con la ignorancia (…), porque el ser humano ignora todo aquello que no le interesa y no le apetece”. Por eso, invocando al optimismo, propuso “entendernos desde la duda, desde la ignorancia. Somos gente solidaria, y esa es una virtud del ser humano que habíamos olvidado. De hecho, creo que todos los fenómenos de economía cooperativa que están surgiendo son buenos, porque implican, en definitiva, la idea de volver a un mundo solidario”.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Como presidente de honor del Comité Español de ACNUR, conoce de primera mano la realidad de los refugiados. ¿Cuál es su visión de todo lo que estamos viviendo?

ANTONIO GARRIGUES: La gente desconoce la gravedad y el dramatismo del tema y olvida que, en estos momento, en Siria opera un déspota –como el señor Al-Asad–, protegido por Rusia, que tiene un interés geopolítico muy importante para el acceso en esta zona, y con EE.UU. apoyando a una oposición muy dividida y fraccionada, a la que cada día le resulta más difícil apoyar. Al mismo tiempo está Daesh, es decir, el grupo islámico que lucha contra unos y contra otros. 

Sobrevivir en Siria es casi imposible. De hecho, el porcentaje de supervivencia de la sociedad civil es prácticamente nulo. Por lo tanto, cualquiera de nosotros que estuviera viviendo allí y tuviera dos hijos, haría lo que hacen todos los sirios: pagar una cantidad tremenda a las mafias para que les permitan montar en un barco y llegar a Grecia, Turquía o cualquier otro sitio, fundamentalmente por dos motivos. Primero y ante todo, para salvar su vida, y segundo, para intentar reconducirla hacia una situación mejor. Con esto quiero decir que todos haríamos exactamente lo mismo que hacen las familias sirias, asumiríamos los mismos riesgos y moriríamos, como han muerto en el país 3.000 personas en lo que va de año.

Comprendo que ahora, por el Brexit y por la situación convulsa que estamos viviendo, pedir algo común en Europa es imposible, pero quiero que la gente sepa que este problema se arreglaría con facilidad si hubiera una política migratoria común, porque el número de refugiados sería perfectamente manejable, integrable y asumible.

La realidad es que no la hay, y que es casi imposible que exista. Por lo tanto, aceptemos ese dato, porque si ya nos quedamos tranquilos simplemente pidiendo una política común, pero no hacemos nada más, no solo estamos siendo irresponsables, sino que además estamos perdidos. Da pena ver cómo Angela Merkel pierde dos elecciones ante un partido xenófobo y racista, especialmente porque, en la historia de la humanidad, no ha habido ningún caso de migración que no haya sido buena para el país que la envía y buena para el país que la recibe.

F.F.S.: Nos contaba Romano Prodi que vivir en paz se ha convertido en una commodity de poco valor. Que las tres últimas generaciones europeas hayamos convivido en paz o que hayamos disfrutado de un progreso económico continuado parecen no ser razones suficientes para justificar una permanencia en la UE… Usted siempre aboga por conocer nuestra historia. ¿Hasta qué punto esa falta de conocimiento que tienen las nuevas generaciones afecta a poner en valor la paz?

A.G.: No nos engañemos, eso siempre ha pasado y siempre pasará. Cuando éramos jóvenes, nosotros también nos olvidábamos de muchas cosas. Por lo tanto, es inútil. Cambiar algo así es un proceso educativo que tienen que asumir las familias y el sistema educativo en su conjunto.

Conocer la Historia no puede ser una lección de aburrimiento. Hay que convertirlo en algo interesante y atractivo, porque la Historia es una maravilla. Descubrirla con detalle y saber interpretarla iluminaría muchas mentes. No sé por qué la Historia se trata mal, se presenta mal y se explica mal, y en esto todos tendríamos que aceptar la culpa.

Insisto en que conocerla es algo fascinante, y esto se aplica no solo a la de nuestro país, sino a las de otros países. Por ejemplo, conocer la cultura china y japonesa es una maravilla. Explicar a un público joven el origen de la caligrafía japonesa, que es una mezcla de pintura y de gramática, es sorprendente, pero para eso alguien nos tiene que ayudar a interpretarla de una manera mucho más atractiva.

F.F.S.: En el entorno español hay pocos anglófilos con conocimiento de causa como usted. ¿Hasta qué punto la perspectiva que tenemos de Donald Trump en España es verídica?

A.G.: Para entender EE.UU. lo primero que hay que hacer es olvidarse de aplicar la óptica europea, porque es otro “animal” completamente distinto, con sus propios valores y sus propios sistemas. Por ejemplo, tiene un sistema político que a mí me parece primario, con un modelo de votaciones que en Europa ni se aceptaría ni se asumiría, pero es así. 

También hay que tener en cuenta que América está dividida fundamentalmente en dos áreas urbanas, que están en las dos costas Este y Oeste, y en un centro profundamente conservador que es el que vota a Trump. Como él mismo dijo, “incluso si un día salgo a la calle y mato a alguien, la gente me seguiría votando”. Una persona que dice eso lo hace con causa, porque sabe que en Norteamérica hay un voto conservador a ultranza, con un contenido religioso realmente profundo, que va a votar siempre actitudes como la de Donald Trump. 

Además, no podemos obviar que el problema está en que la clase media norteamericana está viviendo una época nefasta, ya que la gran mayoría de ellos, cerca del 82%, gana ahora menos que lo que ganaba hace 8 o 10 años. Como es lógico, esta gente no quiere votar al establishment otra vez, es decir, no quiere votar a Hillary Clinton, la mujer de Bill Clinton, para reproducir de nuevo los mismos sistemas.

F.F.S.: Desde la perspectiva internacional, ¿qué puede pasar si Trump llega a la Presidencia? 

A.G.: Creo que el sistema americano tiene tantos controles y capacidades que dependerá de cómo se conformen las dos Cámaras, un tema importante en EE.UU. Yo siempre digo que el poder educa y modera mucho, y, como es lógico, una cosa es hablar desde fuera y otra desde dentro del poder.

No podemos alarmarnos, pero la idea de que Trump dirija e influya en los destinos del mundo no es la mejor noticia que podríamos esperar en estos momentos.

F.F.S.: Muchos creen que la “economía colaborativa” es el futuro, pero que necesita de una legislación más controlada y equitativa. Uno de los problemas es que estos modelos van muy por delante no solo de la regulación, sino del ritmo de los procesos democráticos, que son muy lentos. ¿Cómo se puede resolver este problema?

A.G.: Lo que pasa con la economía colaborativa es que no hay que regular. Se trata de un tema que hay que dejar que sobreviva, y sobre todo no ponerle piedras en las ruedas. Tenemos fórmulas cooperativas no solo en la economía, también en la política, en la convivencia social, etc.; es decir, los cambios se acabarán produciendo.

Hay que reconocer que vivimos en una sociedad donde todos los cambios generan rechazo y provocan una resistencia, hasta el punto que yo siempre digo a los jóvenes: “Si queréis cambiar algo y notáis rechazo, vais por el buen camino”. 

F.F.S.: José Luis Cordeiro, profesor fundador de Singularity University, afirma que en las próximas dos décadas vamos a ver más cambios que en los 2.000 años anteriores, y que uno de ellos será el de las modificaciones genéticas para aumentar la inteligencia. ¿Qué retos plantea este avance?

A.G.: Esa manipulación genética viene desde hace muchísimos años. La longevidad es un hecho y hemos más que duplicado la esperanza de vida en un siglo. Por lo tanto, hablar de que el ser humano va a ir a más es algo evidente, porque en definitiva las medicinas serán mejores, comeremos mejor, la calidad de vida será mejor…, haremos todo mejor y, como consecuencia, el ser humano seguirá viviendo.

El que podamos potenciar genéticamente el cerebro quizá sea posible; pero, sinceramente, no creo que eso vaya a cambiar la humanidad. Hemos sufrido tal cantidad de cambios que, si a mí –que he cumplido ya 82 años– me dijeran hace tres décadas lo que iba a pasar, hubiera dicho que eso era imposible. Y aquí seguimos, poniéndonos corbata sin saber por qué…

F.F.S.: Según el ranking de mejores consejeros delegados a nivel global, elaborado por Harvard Business Review, el español Pablo Isla ocupa la tercera posición. Sin embargo, también vivimos una situación donde gente que es incapaz de gestionar la complejidad está llegando a puestos donde su capacidad de influencia es cada vez superior, e intentan simplificar lo que no es simplificable, pues el entorno es, y va a ser, cada vez más complejo. ¿Por qué sucede esto? 

A.G.: Hay buenos y malos gerentes, igual que hay buenos y malos futbolistas. Creo que en España, en general, no andamos mal de gerencia. Tenemos algunos gestores muy buenos y Pablo Isla es algo excepcional, porque además no busca el protagonismo, no persigue la vanidad, se adapta perfectamente a las normas básicas de cómo dirigir una empresa, respeta el espíritu y la cultura de la suya, promueve valores nuevos…, es decir, realmente es un gestor muy eficaz, pero no podemos aceptar que sea el único. 

A nivel internacional, España ha conseguido avances increíbles y hemos tenido gente estupenda. El mismo Florentino Pérez aparece en esa lista en el puesto 14, lo cual tampoco es una mala posición. 

Aunque nuestro nivel de gerencia es bueno, sí creo que habría que rejuvenecerlo. Vivimos en una sociedad española envejecida, que no sabe cuándo retirarse; entre otras cosas, porque estamos viviendo vejeces con capacidades físicas y mentales muy altas. No solo se vive más, sino que se vive con mentes aceptables, y al final esa gente no se va.

Tenemos un problema de envejecimiento que debemos abordar, porque una sociedad donde cada vez nacen menos niños carece del sentido del riesgo y de la curiosidad que hay que tener. Hay que recordar que la edad de jubilación se situaba en los 65 años, porque generalmente la gente moría a esa edad. En cambio ahora, la esperanza de vida en España supera los 80 años. Yo tengo 82 y sé que estoy al final de mi vida, pero pienso seguir viviendo.

F.F.S.: Recientemente decía Sarkozy que para que Francia cumpla su rol dentro de la UE debe mantener “el espíritu de grandeza francés”, porque así puede contribuir más. Parece que España opta por continuar con su percepción propia de ser el peor país del mundo. ¿Por qué tenemos tan poca confianza en nosotros mismos como nación? 

A.G.: España tiene dos complejos que está manejando simultáneamente, el de superioridad e inferioridad, y pasamos de épocas eufóricas a épocas depresoras. Siempre hemos sido así. En general, el mundo latino nunca ha sido un mundo especialmente seguro de sí mismo. Ahora, en España tenemos que mejorar esa percepción. 

No tenemos derecho a considerarnos el peor país del mundo, porque no lo somos. Al contrario, somos uno de los mejores países del mundo desarrollado, aunque lo que leemos en los medios de comunicación sea justamente lo contrario.

F.F.S.: El título de su biografía le califica como: “Testigo clave de medio siglo de nuestra historia”. Nuestro refranero dice: “Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores”. ¿En qué error no volvería a caer usted? 

A.G.: En efecto, es bueno conocer nuestra historia y cuando uno tiene en su propia vida una experiencia mala, pensar qué otras experiencias malas ha tenido anteriormente, y cómo evitar reproducirlas. Es una frase auténticamente buena, pero es difícil llevarla a cabo. Simplemente, reconozcamos que no aprendemos bien de los errores.


Entrevista publicada por Executive Excellence n133 octubre 2016

 

 

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