Comunicación ejecutiva… puede tener varias acepciones, a tenor de lo que señala el Diccionario y de lo que muestra la Historia. Leer previene, sobre todo, si se trata, precisamente, de aprender Historia o recordarla. Tal prevención se acrecienta cuando archivos y hemeroteca revelan trágicas consecuencias para millones de personas a causa de ideas que resultaron tan revolucionarias como sanguinarias. El interés por esta lectura cotiza al alza en la medida en que, cien años y millones de muertos después, esas ideas y sus promotores se siguen reivindicando.

Desde que disfruté/aprendí con Dirigir y motivar equipos, creo haber leído todos los libros de Javier Fernández Aguado: Patologías en las organizaciones, Roma: escuela de directivos, El Management del III Reich… y acabo de terminar el último. ¡Camaradas! De Lenin a hoy ofrece un análisis entretenido sobre el comunismo desde su primera implantación real en 1917. El pensamiento inspirador de este autor, lubricado con investigación profunda y lectura extensa, se centra en estudiar a fondo modelos de dirección y gestión de personas (Management). A partir de lo mucho que, si leemos, aprendemos de la Historia, el propio pensador diseña paradigmas y aplicaciones para empresas e instituciones.

A las circunstancias sociales, económicas y políticas que favorecen el advenimiento de ideas y prácticas perversas para las personas, el profesor Fernández Aguado añade la torpeza de líderes con deficiencias relevantes. En su opinión, el zar “Nicolás II es un extraordinario paradigma de cómo no debe comportarse un directivo. Pocos personajes en la historia reflejan mejor el modelo del dirigente que no es preciso en un momento específico, y en este caso en una encrucijada que iba a poner en marcha el posterior modelo en el que se mirarían a partir de entonces los regímenes más sanguinarios”.

“La perspectiva es una de las condiciones imprescindibles de quien pilota una organización. Dar bandazos, carecer de una visión estratégica, atender a lo accidental por torpeza para detectar lo relevante invalida para el gobierno. Nicolás II no fue la causa, pero sí la ocasión de una revolución que habría de conmover al mundo. Entre su incompetencia está haber dejado en manos de Rasputín decisiones que él debería haber asumido”, apunta.

Lenin: “La libertad es un lujo que el comunismo no puede permitirse”

Al margen de la contribución de un zar incompetente a la llegada de la revolución bolchevique, la primera reflexión plantea si el comunismo, como algunos sugieren, fue una buena idea mal practicada. “¿Habría que decir entonces lo mismo del nazismo o de la Inquisición?”, se interroga el autor. Añade que “cabría preguntarse por qué si el comunismo crea paraísos han de establecerse por la fuerza e impedir que la gente huya de allí”. Surge en este punto una duda que el propio Lenin despejaba: “La libertad es un lujo que el comunismo no puede permitirse”.

Leer ¡Camaradas! De Lenin a hoy brinda sugerentes lecciones para mi ámbito profesional, la Comunicación corporativa y su vínculo con el liderazgo. Buena parte del aprendizaje procede, eso sí, de lo que no se debe hacer. Por ejemplo, cuando Isaac Steinberg, del Partido Social-Revolucionario, se cuestionaba la utilidad del llamado comisario del pueblo para la justicia. “¡Que lo llamen comisario del pueblo para el exterminio social y se entenderá la razón!”, propuso; a lo que Lenin replicó: “Excelente idea. Es exactamente como yo lo veo. ¡Desgraciadamente no se le puede llamar así!”.

Tampoco me resisto a reproducir la perversa didáctica con que Lenin adiestraba a sus seguidores para una comunicación persuasiva, en la que distinguía pautas para funciones de propaganda y de agitación: “Un propagandista, cuando hable del paro obrero, tiene que explicar el origen capitalista de la crisis; tiene que demostrar por qué es inevitable en la sociedad moderna; y ha de exponer la necesidad de reedificar la sociedad sobre bases socialistas. En pocas palabras, ha de desarrollar numerosas ideas, muy concatenadas y concentradas, de modo que muchas no serán comprendidas por los oyentes de tipo medio, y pocos las entenderán en su globalidad”. 

A continuación, Lenin añadía como complemento que el agitador, por su parte, “elegirá una sola faceta, más o menos conocida y concreta del tema general: por ejemplo, la muerte por inanición de un obrero parado. Su atención se concentrará en este hecho para infundir en las masas una idea única: la de la absurda contradicción entre los crecimientos paralelos de la riqueza y la pobreza. Tratará de avivar en ellas la sensación de descontento y el deseo de revolverse contra tamaña injusticia, dejando a los propagandistas la explicación pormenorizada de aquella contradicción”.

Saltan a la vista y al oído las semejanzas, con matices, entre aquellas orientaciones de 1917 y ciertas prácticas de 2017.

Stalin: “Si no entienden, que se les explique… pero si no quieren, que se les fusile”

Stalin, primer sucesor de Lenin y referente histórico del comunismo del siglo XX, agudizó lo peor de las ideas originarias. Se cuenta su reacción cuando le informaron de que muchos campesinos no prestaban suficiente atención a las directrices del Kremlin. Stalin es claro y cruel: “Si no entienden, que se les explique; si no saben, que se les enseñe; pero si no quieren, que se les fusile”.

La obra de Javier Fernández Aguado incluye también perlas de otros líderes del comunismo mundial, como Mao. El legendario líder chino prometió en 1957 poner en marcha un sistema de críticas al partido que denominó “dejad crecer cien flores”. Tras criticar las hoy mejor conocidas purgas de Stalin, confió a unos pocos allegados su deseo de que los intelectuales se manifestasen confiadamente para, llegado el momento, acabar con ellos. 

Así instruía Mao a sus secuaces: “Lo que queremos es que hablen. Debéis armaros de paciencia y dejarles que ataquen […]. Dejad que todos esos diablos y serpientes […] nos maldigan durante unos cuantos meses […]. ¿Cómo íbamos a coger a esas serpientes si no las dejábamos salir de sus guaridas? Lo que queríamos era que esas crías de tortuga [bastardos] asomaran la cabeza y cantaran y pedorrearan […] para poder atraparlos”.

Como documento excepcional el libro reproduce el informe secreto leído por Jruschov en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1956). En él, sin cuestionar las grandes decisiones del partido desde 1917, reprueba en parte lo promovido por Stalin, su antecesor. Reveladoras estas palabras del entonces líder del comunismo soviético: “¿Por qué causa vemos solo ahora la verdad de este asunto, y por qué no hicimos algo antes, durante la vida de Stalin, por evitar la pérdida de vidas inocentes?”.

Mann: “Con el tiempo es mejor una verdad dolorosa que una mentira útil”

Igual que el nazismo, también el comunismo albergó críticos y disidentes reflexivos, como Arthur Koestler. Este intelectual de origen húngaro declara en sus Memorias: “Había una convicción compartida entre los mejores de mis amigos que ya han dejado el partido o han sido asesinados. Aunque llevábamos anteojeras, no éramos ciegos, e incluso los más fanáticos entre nosotros no podíamos dejar de advertir que no todo estaba bien en nuestro movimiento. Pero nunca nos cansábamos de decirnos unos a otros –y a nosotros mismos– que solo era posible cambiar el partido desde dentro, no desde fuera. Puedes renunciar a ser socio de un club o miembro de un partido normal si su política ya no te convence; pero el Partido Comunista era diferente: era la encarnación de la voluntad de la historia misma. Una vez que te apartaba de él estabas extramuros, y nada de lo que pudieras decir o hacer tenía la menor posibilidad de influir en su curso”. 

Después de vivir, reflexionar y rectificar, Koestler hacía suya una frase de Thomas Mann: “Con el tiempo es mejor una verdad dolorosa que una mentira útil” 


 Enrique Sueiro, director del Programa de Comunicación Corporativa y Management del IE Business School y autor de Saber comunicar saber. www.enriquesueiro.com

Articulo publicado en Executive Excellence nº136 feb2017

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