El profesor Nicholas Burns es una de las voces más respetadas del mundo en el campo de las relaciones internacionales, la geopolítica y la diplomacia. Desarrolló su actividad como diplomático durante 27 años en el Servicio Exterior de los Estados Unidos, alcanzando la posición de subsecretario de Estado para Asuntos Políticos. Fue también embajador en Grecia y ante la OTAN, así como miembro del Consejo de Seguridad Nacional. 

Es Roy and Barbara Goodman Family Professor of the Practice of Diplomacy and International Relations en la Harvard Kennedy School y director del programa The Future of Diplomacy y de los programas sobre Oriente Medio, India y el Sur de Asia de dicha Universidad. A lo largo de su prolífica carrera profesional, Burns ha recibido el título de Doctor Honoris Causa por doce universidades, además de numerosos reconocimientos, y es miembro o asesor de prestigiosas instituciones. Invitado por la Fundación Rafael del Pino, antes de pronunciar su conferencia “A new power competition in the International System”, nos concedió esta entrevista.

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Estados Unidos, gobernada por presidentes demócratas y republicanos durante décadas, debe de estar viviendo momentos agotadores al ver cómo es cuestionado lo que tanto le ha costado construir. ¿Qué siente un funcionario civil, actualmente no sujeto a la jerarquía del gobierno, al observar cómo asuntos que ha defendido durante toda su carrera son ahora puestos en tela de juicio?

NICHOLAS BURNS: Debo decirle que esta es una pregunta que mis colegas y yo hemos discutido de forma abierta en los últimos meses. Creo que todos los que provenimos de países desarrollados y hemos pasado nuestras carreras –al igual que las generaciones que nos han precedido– construyendo una relación transatlántica, la Unión Europea, la OTAN y el orden liberal mundial, creemos colectivamente que esta construcción ha sido un gran éxito.

Europa, que ha dejado atrás un ciclo de guerras transformándose en un entorno plenamente democrático, o España –otro gran ejemplo de un país que pasó de un régimen autoritario a otro democrático en el lapso de una generación–, hacen que estemos orgullosos de lo conseguido. Los americanos y europeos que conozco, diplomáticos o militares, nos sentimos orgullosos de lo alcanzado. Somos conscientes de que el mundo no es perfecto, pero ahora nuestro mundo es democrático, próspero, más pacífico y las personas viven mucho mejor que hace 50 años. 

Ver hoy el Brexit, que representa el rechazo de ese mundo, no es algo agradable. Muchos de mis amigos ya retirados del Foreign Office sienten cómo todo aquello por lo que trabajaron y que permitió la entrada del Reino Unido en la Unión Europea está siendo cuestionado. Con la llegada del presidente Trump, se ha puesto en duda el mundo liberal del cual quiero que Estados Unidos forme parte. El presidente está cuestionando nuestras alianzas, como la OTAN, o el acuerdo de comercio con la Unión Europea, así como la política de inmigración y refugiados, que es la base de la sociedad americana. No podemos olvidar que la actual generación de europeos es la que, literalmente, hizo caer el muro de Berlín. Es triste comprobar que hoy tenemos un presidente norteamericano intentando levantar un muro que nos separa de México… 

Siento que es un deber contestar estas posiciones de forma respetuosa. Cuando uno está en desacuerdo, debe verbalizarlo. Creo que necesitamos un gran debate en Estados Unidos sobre estas políticas, pues considero que muchas de ellas están equivocadas. 

F.F.S.: El comisario europeo de Medioambiente Arias Cañete afirma estar tremendamente impresionado por la capacidad de negociación del secretario de Estado Kerry, demostrada tanto en París como en Kigali. Creemos que los acuerdos globales sobre medioambiente ayudan a las naciones. ¿Deberíamos preocuparnos por la actitud de EE.UU. en el futuro? ¿Puede haber una desconexión norteamericana de las políticas medioambientales?

N.B.: En primer lugar, estoy de acuerdo en alabar al secretario Kerry. Creo que fue un excelente secretario de Estado, que creía profundamente en que los norteamericanos debíamos salir al exterior y negociar con los demás países, intentando hacer un mundo mejor. 

Considero que aún es temprano para entender, de una forma amplia, hacia dónde se dirige la Administración actual. En estos momentos, se está librando una batalla al respecto entre quienes son abiertamente nacionalistas (la derecha alternativa) y quienes siguen una corriente más centrada de las ideas dentro de la Administración, que espero que venzan.

En segundo lugar, esta Administración apenas acaba de comenzar, ni siquiera ha nombrado a todos sus ministros y secretarios de gabinete. Los Deputies, under secretaries y assitant secretaries que en nuestro sistema forman el núcleo del Gobierno para las políticas exteriores todavía no han sido nombrados; y puede llevarles hasta seis meses comprender de qué va su política. 

También pienso que no se debe subestimar al actual presidente. Aunque yo no apoyé su campaña, creo que la gestionó brillantemente. Derrotó a la dinastía Bush, derrotó a Hillary Clinton, y creo que quiere seguir teniendo éxito. De hecho, ya vemos cómo está intentando cambiar y no adoptar su dura retórica de campaña. Decía que no creía en la política de una sola China, y hace unos días llamó al premier chino diciéndole que estaba de acuerdo con esa política; también manifestó no entender la necesidad de una alianza con Japón, y recientemente reafirmó la asociación para la defensa con Japón, y jugó todo un fin de semana al golf con el primer ministro japonés Shinzo Abe. 

Espero que ocurra lo mismo con la OTAN y con la Unión Europea, pues ha sido muy crítico con ambas instituciones. Ha criticado a Angela Merkel, equivocadamente desde mi punto de vista. También espero que el nuevo secretario del Estado, Rex Tillerson, y el nuevo secretario de Defensa, James Mattis, puedan reconducirle hacía un curso más pragmático. No van a ser perfectos, pero confío en que aprendan de algunos de los errores cometidos en las primeras semanas de la presidencia y comprendan que no pueden ir por libre. Por ejemplo, anunciaron la prohibición de la entrada de los musulmanes, y también de los refugiados, sin hablar con otros países, ni siquiera con los que podrían verse afectados por ello, como Irak, con quienes estamos luchando para la liberación de Mosul. El gobierno iraquí se enteró por los periódicos de que sus ciudadanos no podrían viajar a Estados Unidos, un tremendo fallo de las reglas más básicas de la diplomacia. Espero que puedan actuar y pensar de una forma diferente de aquí a seis meses, aunque es solo una esperanza. 

F.F.S.: En más de una ocasión ha contado que, siendo embajador ante la OTAN en el momento al ataque de las Torres Gemelas, el embajador canadiense le sugirió aplicar el artículo cinco por el cual “cuando se ataca un país de la OTAN, se ataca a todos”. Posteriormente, le dijo a su jefa Condoleezza Rice que todos los países de la OTAN estaban dispuestos a apoyar a Estados Unidos en una guerra, aun sin saber contra quién. ¿Puede el cambio de actitud de Trump, junto con hechos como la invasión de Crimea por Rusia, hacer crecer la división existente dentro de la UE?

N.B.: En parte por haber sido embajador ante la OTAN y haber visto el increíble valor que la alianza tuvo en el 11-S, con su intención de defendernos, y también cuando España y todos los aliados nos acompañaron a Afganistán (y allí siguen 15 años después), he podido sentir de primera mano cómo este Tratado beneficia a mi país. El tipo de frases empleadas por el presidente Trump, como: “La OTAN está obsoleta”, no representan una opinión mayoritaria de Estados Unidos. El pueblo norteamericano apoya a la OTAN, y es una alianza percibida por la mayoría como una historia de éxito. Ciertamente, si observamos a los congresistas republicanos y demócratas ya retirados que sirvieron en ambas Administraciones, encontraremos un gran apoyo hacia la OTAN. 

Lo que ha hecho Putin en Crimea, anexionándola ilegalmente a Rusia y también dividiendo a Ucrania, junto con las presiones a los Estados Bálticos, hace que el sentimiento de los norteamericanos por la OTAN sea todavía más fuerte en 2017 que hace unos años. Creo que el presidente no solo se equivoca, sino que ni siquiera cuenta con un apoyo mayoritario en este tema. Además, su secretario de Defensa, James Mattis, que fue comandante de la OTAN, confirmaba públicamente hace solo unos días que la apoyaba con firmeza. 

El presidente Trump es el primero en la historia norteamericana que nunca ha servido en la Administración o ha sido militar; es decir, no tiene experiencia en el sector público. Todo esto es nuevo para él. En el mundo transaccional inmobiliario de Nueva York, siempre hay un ganador y un perdedor, y quizás vea así a la política internacional, pero no es la realidad. En la política internacional todos nos necesitamos, especialmente los países democráticos, como Europa y Norteamérica. Hay momentos donde unos u otros aportan más, pero es una relación beneficiosa para todos. Para mí, eso es la OTAN. 

Sin embargo, el presidente no se equivoca del todo cuando dice que Estados Unidos soporta un peso económico de la OTAN demasiado elevado. Es cierto, y también lo han soportado los presidentes que le han precedido. Todos los países que forman parte están de acuerdo en que han de dedicar, al menos, el 2% de su PIB; pero España destina únicamente el 0,91%, y Alemania, el 1,1%. Solo cinco de los 28 países de la UE le dedican el 2%. Trump tiene razón sobre el incremento necesario de la contribución de los países europeos, pero se equivoca amenazando con retirarse.

Ante la posición por parte de Rusia (aunque no sea una nueva Guerra Fría), donde Putin intenta dividir Europa en las zonas del Sur y el Este de la Federación rusa –en países como Ucrania, Georgia, Moldavia, los Estados Bálticos o Bielorrusia–, creo que la OTAN debe mantenerse fuerte y firme. Acaban de desplegarse batallones en las Repúblicas Bálticas y en Polonia, pero eso exige más financiación, y los gobiernos europeos deben apoyar más.

F.F.S.: Vivimos tiempos complejos ante los que, paradójicamente, surgen políticas simplistas y populistas. Las nuevas tecnologías han reducido la capacidad de exponer veraz y argumentativamente, creando opiniones fundadas. Cada vez hay menos especialistas con gran conocimiento y más “individuos con un micrófono”. ¿Cómo puede afectarnos esto?

N.B.: Creo que es un asunto de gran importancia, y la forma en la que lo pregunta es la adecuada. No podemos dar marcha atrás al reloj en relación a los medios sociales. Yo también soy activo en Twitter y sigo los tuits del presidente y de otros. Considero que es tremendamente útil hacerlo, pero no debemos olvidar que un tuit tiene 140 caracteres. Es decir, no puede ser algo complejo ni que permita profundizar en ninguna materia. Si bien aporta la ventaja de que más personas puedan expresarse –algo positivo, en general–, también genera la desventaja que representa la simplificación del debate. 

Me asusta la complejidad de los problemas a los que nos enfrentamos, desde el cambio climático hasta el tráfico de drogas; desde el cibercrimen a la proliferación nuclear o el crecimiento del populismo en Europa –con Marine Le Pen, Geert Wilders, Amanecer Dorado…–. Debemos tener mucho cuidado con nuestras instituciones educativas, para asegurarnos de que forman a los jóvenes en aspectos como geografía, historia, economía, etc., porque todos esos temas son necesarios para entender la complejidad y los problemas a los que se enfrentarán cuando gestionen el mundo. Es determinante que podamos llegar al corazón de estos asuntos desde las escuelas secundarias y las universidades, lo cual es un proceso tremendamente laborioso y que requiere más de 140 caracteres. En las redes sociales hay aspectos buenos y malos; no las condenó, pues gracias a ellas hoy los individuos pueden ser escuchados, pero hay tantos millones de personas deseando ser escuchadas…

Otra cuestión que ocurre en Estados Unidos es que las personas eligen sus foros de noticias basándose en la ideología. Los conservadores ven Fox News, pero no la CNN. Los liberales ven MSNBC, pero no Fox… Esto no es bueno. Debemos ser capaces de escuchar a la parte contraria y estar abiertos a los puntos de vista de otros, aunque sean opuestos a los nuestros. Actualmente, la mayoría de las personas selecciona sus plataformas de noticias, y creo que eso no es sano en una democracia. 

Nunca tenemos la razón siempre. Muchos, y me incluyo, estamos frecuentemente equivocados. A mis alumnos de la Harvard Kennedy School les estimulo para que me reten. Si digo algo con lo que están en desacuerdo, les pido que me lo digan. De hecho, es muy normal que me hagan cambiar de opinión. Estar abiertos a argumentos contrarios a los nuestros es algo tremendamente importante en democracia.

F.F.S.: Estados Unidos está adoptando posiciones blandas frente a Rusia. En la UE siempre hemos tenido una política de brazos abiertos hacia su país, pero ahora Trump parece llevarse mejor con Putin que con Angela Merkel, lo cual genera confusión. ¿Qué posibles consecuencias puede tener esta política de aproximación hacia personas individualistas?

N.B.: Trump ha puesto el mundo patas arriba. Él es un magnate inmobiliario de Nueva York que siempre se ha dedicado al negocio familiar y vivido en un entorno de suma cero: si yo gano, tú debes perder, y viceversa. Se ha desenvuelto en un entorno transaccional, donde se intenta vencer; pero el mundo de la diplomacia y de la economía internacional no está estructurado así. Vivimos en una economía global simbiótica, donde dependemos los unos de los otros.

Suelo decirles a mis alumnos que, en una negociación, es muy raro encontrar situaciones donde se derrote absolutamente al contrario. Se trata de obtener lo que uno desea, intentando que a la parte contraria le quede la sensación de haber obtenido también algo, pues en el futuro es muy posible que tengas muchas más negociaciones con ese líder o país. 

Creo que el presidente Trump no ve así el mundo. Parece respetar el poder, y por eso ha sido laudatorio con Putin, que es un autoritario agresivo, un matón. Además, parece valorar más los desequilibrios de comercio (tengo un superávit contigo o estoy en déficit). Tanto Alemania como Japón, México o China tienen balanzas comerciales positivas con respecto a Estados Unidos, y ha ido a por todos ellos; y no solo ahora como candidato presidencial, sino que hace 30 años ya ponía anuncios en los principales periódicos neoyorquinos argumentando contra nuestra relación de defensa con Japón o Europa. 

Cuando pienso en Angela Merkel, en el gobierno español o en la OTAN, pienso en los miles de temas diferentes en los que estamos trabajando juntos, desde el cambio climático al comercio o la defensa. Nos conocemos, creemos en las mismas cosas, defendemos los derechos humanos… Todos estos son asuntos en los que, creo, él no ha tenido experiencia previa. Por eso confío en que, a lo largo de su presidencia, adquiera una mayor comprensión sobre estas relaciones tan complejas. Estados Unidos no podría tener un mejor amigo en el mundo que Alemania hoy en día, y el presidente Trump dijo en el London Times que tenía la misma confianza en Merkel que en Vladimir Putin. Para mí, es una declaración sorprendente, porque Merkel es una líder virtuosa, cosa que no es Putin. Alemania es aliada de Estados Unidos; Putin no lo es… Ha retado a la sabiduría convencional del mundo que hemos construido y a la forma de hacer negocios. Está en su derecho, pero creo que para eso se requiere mayor nivel de humildad. No puede pensar que todo tiene que cambiarse y que todas las verdades han de ser cuestionadas. No creo que esto sea intelectualmente honesto. 

F.F.S.: Una cosa que quizás debiera corregirse es la diferencia creciente entre el poder adquisitivo de las clases medias y altas en Estados Unidos, un aspecto que ha fundamentado la victoria de Trump, al igual que la falta de actualización de infraestructuras… ¿Tenía razón el presidente en esto?

N.B.: Creo que no se equivocaba al decir que hay decenas de millones de americanos a los que la revolución digital ha ido dejando atrás. Una revolución que también ha hecho ricas a muchas personas, especialmente en mi área de Boston, en Massachusetts, California o Texas. Por el contrario, en los entornos de la industria del acero y del automóvil, las personas han perdido sus puestos de trabajo, que se han visto desplazados a México, China o Vietnam. Trump fue capaz de prever esta situación antes que otros políticos, convirtiéndola en parte de su campaña. Algo inteligente, si realmente desea hacer algo por estas personas. 

También tiene razón en que hay que recuperar nuestras infraestructuras con inversiones brutales, y habrá que ver si el Congreso las aprueba o no. La diferencia de ingresos entre las personas ricas y de clase media es tremenda. Eso no es saludable para ninguna democracia. Las exenciones para gente de alto nivel de ingresos han exacerbado aún más las diferencias. Opino que los dos partidos políticos deben focalizarse en estos temas.

F.F.S.: Leyendo su currículum, una de las cosas que resultan más sorprendentes es la tremenda cantidad de posiciones –que imagino se transforman en obligaciones profesionales– que ha tenido y tiene. Intuyo que su capacidad de organización es grande. ¿Qué lecciones podría compartir para que mejorásemos nuestra productividad? 

N.B.: Como en otras profesiones, y mientras ascendía en mis responsabilidades, comprendí que hay que aprender a priorizar, además de a trabajar jornadas de 18 horas y ser capaz de hacer tres cosas a la vez. Son capacidades que tuve que desarrollar para trabajar en el Departamento de Estado. 

Cuando, tras una fructífera carrera, decidí retirarme, tenía claro que quería enseñar y ayudar a la próxima generación a pensar sobre todos estos asuntos de los que hemos hablando; pero también quería ofrecerme como voluntario en ONGs. En nuestra sociedad, estas organizaciones llenan muchos vacíos que deja nuestro gobierno. Existe múltiples iniciativas en las que creo profundamente, como las Olimpiadas Paraolímpicas que ayudan a gente joven con discapacidades intelectuales, jóvenes que se quedan atrás y a quienes intentamos ayudar a través del deporte. Trabajo con Tim Schriver, sobrino del presidente Kennedy, una persona carismática y entregada desde hace ya 50 años a construir esta increíble organización que es Special Olympics –fundada por Eunice Kennedy Schriver, hermana de John Fitzgeral Kennedy–. Es para mí un orgullo formar parte del Consejo.

F.F.S: Se dice que de los errores se aprende. Cuéntenos, por favor, alguno suyo y qué aprendizaje obtuvo.

N.B.: Cronológicamente, mi carrera en el Departamento de Estado comenzó en 1980, como interno. Me uní a tiempo completo al Foreign Service en el 82, donde serví hasta el año 2008. Ese fue un periodo donde Estados Unidos tuvo un poder sin rival, tanto en lo económico como en lo militar o político. La Unión Soviética estaba vacilando en los años 80 y se colapsó en 1991. A lo largo de toda mi carrera, fuimos tan poderosos que algunas veces esto nos llevó a ser arrogantes. 

La lección más importante que aprendí, al mirar atrás, es que incluso los países más poderosos tienen que actuar refrenándose, con contención. No lo hicimos en Irak en el año 2003. Yo apoyé esa guerra, siendo entonces embajador en la OTAN. Ahora pienso que nos adelantamos, que no pensamos a fondo que la invasión nos llevaría a quedarnos allí años. Eso fue arrogancia por nuestra parte. 

Ahora que enseño, soy más consciente de que lo importante no solo es lo que decides hacer, sino lo que decides no hacer. Es decir, ser capaz de contenerse, especialmente en el uso de la fuerza militar, es esencial. Churchill dijo algo en este mismo sentido: el problema de utilizar la fuerza es que, una vez que empiezas, nunca sabes dónde ni cómo vas a terminar. Y, ¡por Dios, cuánta razón tenía! Yo formaba parte de una Administración que creía que lo adecuado, desde una perspectiva estratégica, era ir a Irak, pero hoy pienso que estaba equivocado. 

Dicho de otra manera, el general Marshall, un gran secretario de Estado que puso en marcha el Plan que lleva su nombre, ayudó a organizar la guerra como jefe de gabinete de FDR (Franklin Delano Roosevelt). Él solía decir a su gabinete, al término de las reuniones: “Caballeros (entonces eran todos hombres), díganme cómo podría estar equivocado”. Hace falta tener la sabiduría suficiente como para estar abierto a la crítica, sabiendo que uno siempre comete errores y ha de ejercer restricción con el poder que tiene. 

Diplomacia y política exterior estadounidense en la era Trump 

Estas fueron algunas de las declaraciones del profesor Burns en su conferencia en la Fundación Rafael del Pino:

“La crisis de Occidente tiene que ver con los desafíos a los que se enfrenta la UE actualmente y también con las circunstancias extraordinarias que se están produciendo en EE.UU. desde la gran recesión de 2008-2009. El hecho de que muchos norteamericanos hayan padecido la pérdida de empleo y el resurgimiento de los populismos es algo que nunca habíamos visto en mi país.

Esta frase de “Volver a hacer América grande” (“Make America great again”) realmente resuena. Debo reconocer que Donald Trump ha ganado las elecciones de una manera brillante. Encontró una conexión con la psique de los estadounidenses que fue una fórmula ganadora. Nunca había estado en política, pero derrotó a 16 candidatos republicanos, incluido un miembro de la dinastía Bush; y luego derrotó a la mujer más admirada de nuestra sociedad, Hillary Clinton. Por lo tanto, no hay que subestimar a este hombre, porque ha sido muy efectivo.

Los europeos y los estadounidenses nos enfrentamos en 2017 a una de las agendas de política exterior más complejas de la historia. En EE.UU. tenemos que remontarnos al último gobierno del presidente Franklin para encontrar una época con un desafío tan importante. 

Los retos son impresionantes. Tenemos la obligación de organizar 195 Estados para luchar contra el cambio climático, que afecta a 7.500 millones de personas, y ante el que estamos dando pasos muy tímidos. Los grandes emisores de carbono (EE.UU., China, India…) están tímidamente obligados a reducir sus emisiones para enfrentar este problema trasnacional.

Existen otras muchas cuestiones que requieren una cooperación mundial: el tráfico de mujeres y niños, los cárteles de droga organizados, los del crimen, especialmente en los últimos años con el surgimiento de los ciberdelitos, el ciberespionaje y la posibilidad de las ciberguerras. Si se produjera otra guerra mundial –que espero que no suceda–, empezaría en el ciberespacio con toda seguridad.

Hemos llegado a un punto de la historia donde tenemos que organizarnos a nivel transnacional, para ser efectivos y prevenir y mitigar la severidad de los grandes problemas de la humanidad. Esto significa que también debemos involucrar al liderazgo chino, al brasileño, al sudafricano, al turco, al saudí… Todos ellos se han incorporado a las antiguas potencias del G7 y ahora forman parte del G20, porque hace falta un consenso mundial. 

A esto se añade el problema de Corea del Norte y su poder nuclear. Los expertos dicen que dentro de cinco o diez años quizá haya un misil balístico con una cabeza que incluso pueda llegar a San Francisco, Sacramento, LA, San Diego, Nevada y Arizona. Como norteamericano, esto es inaceptable. No podemos tolerar que Corea del Norte suponga una amenaza nuclear, por no hablar de las armas biológicas, etc. 

La relación EE.UU.–Europa

Tradicionalmente Europa y Norteamérica, por nuestro poderío económico y militar de los últimos 150 años y el liderazgo que hemos ejercido a nivel tecnológico –pues China se había centrado básicamente en desarrollar su país y sacar a la gente de la pobreza–, hemos sido quienes desde 1945 hemos impulsado la agenda, organizando y promoviendo la cooperación internacional.

Europa ha sido el líder indiscutible del cambio climático. Hoy se enfrenta a los desafíos más importantes desde la II Guerra Mundial; mientras que nosotros, en EE.UU., tenemos una crisis existencial, un debate en cuanto a qué tipo de potencia tenemos que ser, o si tenemos que ser o no una potencia mundial. 

Sé que Europa ha avanzado muchísimo, recomponiéndose desde las cenizas de la guerra. La tremenda recuperación, y la conversión de países autoritarios a totalmente democráticos, ha sido prácticamente un milagro. No podemos permitir que las glorias de la UE: 500 millones de personas, el centro de justicia mundial, un gran nivel de vida, unos valores sociales que han cohesionado a los europeos, etc. se vean amenazadas por el surgimiento del populismo de derechas. Las próximas elecciones en Holanda, Francia y Alemania van a determinar el destino de la UE. 

Esto coincide con el desafío planteado por Putin en la Europa del Este de dividir países vecinos; con el desafío de una Rusia que atacó Georgia y ahora ataca Ucrania y a quien habría que hacer pagar la invasión de Ucrania.

Los inmigrantes ven dos Europas: la occidental, que está intentando dar cabida a este éxodo de personas que salen de Siria, Libia, Irak y Afganistán; y a los europeos del Este que están cerrando las fronteras, especialmente a los refugiados musulmanes. Ver cómo este fenómeno divide la UE y reta a la capacidad de Bruselas de formar una política coherente es algo realmente desgarrador.

Además, el Brexit y el incierto destino de Grecia son problemas que agravan el hecho de que el proyecto europeo parece estar debilitándose. Igual que los populistas no quieren una UE cohesionada, en mi país los Estados quieren que Washington ceda poder. 

Quiero recordar que EE.UU. siempre ha apoyado la UE, y espero que siempre sigamos haciéndolo. Desde Truman, todos los presidentes norteamericanos han intentado resolver los problemas entre Francia y Alemania, que han sido el origen de muchas tensiones, y se han interesado por fomentar la cohesión. Para mí, la UE es uno de los hitos principales del siglo XX. Europa es una unión virtuosa, democrática y pacífica, y espero que Trump se dé cuenta de la importancia de apoyar el proyecto europeo. 

OTAN, comercio exterior y fronteras 

Siempre he pensado en la gran ventaja de poder que tenemos respecto de los rusos y los chinos por contar con aliados que ellos no tenían. Cuando el 11-S, como embajador ante la OTAN, veía cómo se desmoronaban las Torres Gemelas, recibí la llamada del embajador canadiense, que había pensado aplicar el artículo 5. La única vez que hemos invocado el artículo fue la mañana del día 12. Los europeos salieron en defensa de los norteamericanos, cuando ni siquiera el presidente Bush había responsabilizado todavía a Al Qaeda del ataque. Cada país de la OTAN se implicó y, después de tantos años, aún siguen estando ahí. Creo que esto demuestra el valor de las alianzas. América necesita a Europa. Es la base de su poder, como también lo son Canadá y el Tratado de Libre Comercio.

Ahora estamos cuestionando el comercio, pero es uno de los grandes éxitos de nuestra historia. Siempre hemos sido una nación de comercio y vivimos en una economía donde no podemos rechazar el comercio global. Si lo hacemos, China se aprovechará.

También se está cuestionando la inmigración, cuando hemos sido un país de puertas abiertas. Todos nosotros tenemos una historia de inmigración que probablemente no se remonte a más de dos o tres generaciones. Desde la II Guerra Mundial, EE.UU. ha acogido a la mitad de los refugiados de las diferentes crisis. Por primera vez desde el año 1945, no estamos ayudando en esta tarea. Creo que empezamos a negar la naturaleza misma de nuestro Estado. Este es un debate sobre el que se está planteando mala información por parte del presidente y quienes lo apoyan. La realidad es que, de los 8.000 refugiados sirios acogidos desde el 11-S, ninguno de ellos ha estado implicado en actos terroristas. La gente viene a EE.UU. porque quieren convertirse en ciudadanos, no en criminales. Incluso encontramos que los refugiados son a veces los ciudadanos más patriotas, porque han elegido ser parte de nuestro país. No podemos cerrar las fronteras a las personas que realmente nos necesitan. 

Creo que lo que hemos construido entre los europeos y norteamericanos desde el 8 de mayo de 1945, tras la II Guerra Mundial, ha sido el orden más liberal y mayor del mundo, basado en la libertad, en la dignidad humana, en gobiernos democráticos, en una prensa libre, en la libre circulación de las personas, en fronteras abiertas a todas las procedencias… No podemos permitir que sea eliminado por el populismo. Tengo fe en Europa y tengo fe en mi propio país. Es un tiempo difícil, pero es un tiempo para la unidad trasatlántica”.


 Entrevista con Nicholas Burns, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de EE.UU. (2005–2008), ex embajador de Estados Unidos en Grecia y ante la OTAN.

Publicada en Executive Excellence nº137 marzo 2017.

Fotografías de Daniel Santamaría.

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