Durante el European Business Forum de Thinkers50 –que congregó en la ciudad de Odense (Dinamarca) a los pensadores más prestigiosos del mundo del management y los negocios–, retos como la globalización, la inmigración, el populismo o el crecimiento de la robótica y la biotecnología centraron buena parte de los debates.

Peter Fisk, experto en innovación y crecimiento y autor de Gamechangers, moderó –como anfitrión del foro– las intervenciones de varios gurús, como Alf Rehn o Alexander Betts, en torno a tres preguntas clave, cuyas respuestas arrojaron luz sobre el impacto de esos retos en la gestión empresarial y en la agenda de los Consejos de Administración. A continuación, recogemos las propuestas de Alf Rehn.

Rehn es académico finlandés, presidente de Management y Organización de la Universidad Åbo Akademi de Turku, en Finlandia. Por su estilo desenfadado y creativo, su toque de humor y el uso de análisis contra-intuitivos de los supuestos básicos del negocio, es calificado como uno de los pensadores más divertidos y extravagantes del momento. Autor de bestsellers como Dangerous Ideas y coautor de Trendspotting, en 2016 fue identificado por Thinkers50 como nuevo pensador “On the Radar”. 

1. ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta el mundo de los negocios?

Focalizar la innovación 

Hoy conocemos cuánto costó la carrera espacial a la luna, el Moonshot, y la cifra asciende a los 137 billones de USD que, literalmente, es el coste ajustado del programa Apolo. Podemos pensar que esta cantidad es tremendamente elevada y que, actualmente, sería algo impensable por el coste. Sin embargo, si nos preguntásemos cuál es la inversión anual en el mundo que se destina a la innovación, según la OCDE es un mínimo de 3.000 billones USD, lo que equivale a 20 proyectos Apolo cada año. Estas cifras, difíciles de imaginar, chocan mucho en un mundo donde 800.000 niños mueren cada año de diarrea. 

Una gran parte de la inversión en innovación se dedica a personas caucásicas europeas con una media de edad entre 25 y 45 años; es una innovación dedicada a gadgets y entretenimiento. Es en este desequilibrio donde radica el reto de nuestra sociedad. Vivimos en un momento bizarro: tenemos más recursos, cualificación y competencias que en ningún otro momento, es decir, nos encontramos en una era de abundancia donde el progreso tecnológico florece, pero al mismo tiempo la innovación nos está dando unos dividendos limitados.

Básicamente, esto sucede porque nos focalizamos en las cosas equivocadas. Nos enfocamos en esas historias brillantes a las que denomino “innovación pornográfica”. Sí, un Tesla es precioso –y muchos de quienes lean esto se lo podrían permitir–, pero eso no evita que 800.000 niños mueran por deshidratación cada año.

En muchos casos se crean cosas que no son necesarias. Tenemos el ejemplo de los calcetines inteligentes: un producto al cual muchos ingenieros han dedicado tiempo y esfuerzo, para que finalmente sea elegido y comprado por los consumidores. Dentro de las organizaciones, sus miembros comienzan a sentir fatiga y cansancio por culpa de esta innovación pornográfica: la distancia ética que hay entre los calcetines inteligentes y los niños muriendo de hambre. El reto para nuestras empresas radica en el hecho de que estamos utilizando de forma incorrecta nuestros recursos y prioridades en innovación. Tenemos que concienciar a la sociedad para que reclame más ambición en la innovación. Hay demasiadas conversaciones y libros sobre innovación, pero falta ambición. Debemos empezar a focalizarnos en aquellos problemas importantes que se pueden resolver. 

Si analizamos los acuíferos en China, veremos que solo el 1% de ellos se está rellenando adecuadamente. China cuenta con el mayor ejército en lo que a número de soldados y armas nucleares se refiere, pero de seguir así se quedará sin agua. Si nos fijamos, tiene dos países con abundante agua como vecinos: Rusia e India. Ambos con grandes ejércitos, tendencias nacionalistas… ¡y armas nucleares! Si no reclamamos mayor ambición en la innovación en el campo del agua –lo cual representa una tremenda oportunidad–, es posible que nos podamos enfrentar a una guerra. 

El envejecimiento de la población es otro reto, y otra oportunidad. La economía “del pelo gris” será uno de los mayores boom para el mercado, si realmente pensamos de forma ambiciosa. De hecho, toda la economía finlandesa podría mantenerse construyendo únicamente casas para los mayores en China, debido a la alta demanda que se va a producir en un futuro cercano. 

Debemos empezar a contemplar la ExTech (tecnologías exponenciales) con mucha atención. La robótica es importante, pero solo la dirigimos a hacer cosas habitualmente sugeridas por académicos norteamericanos o negocios y empresas americanas. Tendríamos tremendas posibilidades para solucionar problemas como la inmigración, el agua, el envejecimiento…, si comenzásemos a utilizar tecnologías como la robótica, la nanotecnología e incluso la biología sintética, de una forma mucho más seria, en vez de volver continuamente a utilizarla para los “calcetines inteligentes” o la innovación pornográfica. Ese es el reto: buscar oportunidades siendo serios con la innovación, más allá de las frivolidades actuales.

2. ¿Qué hemos de empezar, mañana, a hacer de forma diferente? 

No pensar en transformación o disrupción, sino en innovación con impacto

De los más de 15 años que llevo trabajando en innovación, he de resaltar que mucho de lo que se hace en este sector no aporta los dividendos esperados, ya que la innovación se ha transformado en algo aburrido que, en cierta forma, se ha auto-fagocitado. Cuando antes llegaba a una corporación para hablar de innovación, veía cómo a las personas les brillaban los ojos; hoy, cuando voy a compañías similares y les propongo trabajar sobre sus iniciativas de innovación, la respuesta es diametralmente opuesta: “¡Otra vez más de lo mismo!”.

La constante reiteración de la “i” se ha transformado en algo aburrido. Esto también significa que no estamos aprovechando el talento y los recursos que tenemos, que se han escondido tras ese impenetrable velo de “tonterías” sobre la innovación. Todos somos conscientes de que las empresas asociadas con la innovación son siempre las mismas: Google, Tesla, Facebook, Apple…

Nos encontramos ante una trampa, donde incluso si algunas ideas pueden salvar la humanidad, están escondidas tras el hecho de que hemos transformado la innovación en algo específico, icónico, en algo que, si no da la sensación de que podría haber sido hecho por Apple, no es innovación. Hemos de dirigir nuestra mirada hacia ese superávit cognitivo (cognitive surplus).

Sin embargo, no existe ninguna empresa que carezca de ideas. Las compañías tienen todas las ideas que necesitan para innovar de verdad e implementar el cambio en el mundo, pero no hay que pensar en transformación o disrupción, sino en innovación con impacto. Hay que aproximarse a las ideas que están a pie de suelo, que muchas veces se pueden encontrar entre los jóvenes de las compañías, entre aquellos que no llevan chaqueta ni corbata. 

Alf Rehn, Rita McGrath y Alexander Betts en el European Business Forum de Thinkers50

Alf Rehn, Rita McGrath y Alexander Betts en el European Business Forum de Thinkers50.

Como académicos, puede que siempre hablemos de los problemas y seamos negativos, pero no lo hacemos de una forma acusatoria, sino que buscamos aportar nociones sobre las que reflexionar. No quiero decir que ahora, de forma inmediata, uno tenga que transformar su fábrica de bicicletas en Dinamarca en una planta de purificación de agua en Bangladesh. En vez de eso, y para tener un mundo mejor donde las empresas puedan florecer, necesitamos de una mayor y mejor capacidad de conversación social. Las compañías han de hacer escuchar su voz en esas conversaciones, mientras que los ejecutivos de esas compañías han de reflexionar sobre su papel en todo este proceso. 

No estoy en contra de aquellos que crearon los calcetines inteligentes, que seguramente son personas brillantes que disfrutan con su trabajo. Incluso podría haber posibilidades de que esos calcetines fueran útiles para los epilépticos o los diabéticos… ¡no lo sé! Lo que sí sé es que tenemos que mantener viva la conversación sobre los problemas globales y utilizar la cabeza para conseguir un mayor impacto.

3. ¿Con qué sueña?

Como profesor de business, sueño con grandes cantidades de dinero, con muchos beneficios… Sueño con un mundo donde las compañías utilicen su tremendo talento, capacidades y recursos, para resolver problemas como los de la tercera edad –un entorno con gran capacidad financiera–, obteniendo grandes beneficios de ello. No digo esto por ser portavoz del capitalismo, sino porque sé que ese modelo funciona. Cuando las empresas obtengan beneficios por desarrollar soluciones para los mayores, la inmigración o el clima, entrarán en esos mercados generando más innovación y atrayendo a las start-ups, que a su vez aportarán más soluciones. El dinero puede fomentar los sueños y los sueños pueden salvar al planeta. 

 

 

 

 


Alf Rehn es académico finlandés y presidente de Management y Organización de la Universidad Åbo Akademi de Turku, en Finlandia.

Publicado en Executive Excellence nº140 jun/jul. 2017.

Sobre la revista

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