Categoría: Alta Dirección

 

Nos reunimos una vez más en el Congreso anual de CEDE cuando se cumplen 20 años del comienzo de esta iniciativa que, durante estas dos décadas, se ha dedicado, se ha entregado al directivo español desde una perspectiva ambiciosa y generosa a un mismo tiempo. 

Los directivos y ejecutivos sois, hoy más que nunca, una de las columnas vertebrales de la España de nuestros días. La sociedad española os necesita. Necesita de vuestro sentido de la responsabilidad, de vuestra tarea diaria decisiva, de vuestra influencia, de vuestro liderazgo y de vuestro compromiso con el futuro no sólo de vuestras compañías, sino de nuestro país.  Así que, gracias a todos por vuestra  contribución al progreso de nuestro país, por vuestra apuesta y confianza en España. 

 Y digo esto porque lo sé o lo conozco de primera mano, porque aun no siendo yo un directivo −y menos ejecutivo−, sí he tenido el privilegio y el honor de participar de una u otra manera en estos congresos desde sus comienzos… No sé si eso ya me ubica más en vuestro senado, pero en cualquier caso siempre me ha interesado acudir, escuchar y conocer lo que un conjunto de profesionales tan cualificados tenía que decir en cada edición sobre la realidad de nuestro país, sobre el futuro por el que trabaja y sobre sus expectativas y preocupaciones respecto de ese futuro. 

Por un lado, CEDE ha buscado apoyar y asesorar a los directivos y ejecutivos de España en el mejor desempeño y desarrollo de sus funciones profesionales; y por otro lado, esta organización, como representante mayoritario de la clase directiva española, ha orientado a sus miembros con el objeto, justamente, de servir con la mayor eficacia y generosidad al conjunto de la sociedad española. 

Por esta doble proyección ─profesional y social a un mismo tiempo─, y también por este vigésimo aniversario que celebramos, quiero felicitar a la Confederación y a todos los que con su trabajo y compromiso mantienen día a día el pulso de una organización tan necesaria; una organización que, en sí misma, es reflejo y consecuencia de una sociedad con un enorme dinamismo y de una economía avanzada −de primera línea− como la nuestra. 

 Sabemos bien que el desarrollo y el progreso en las sociedades actuales claramente alcanzan cotas de mayor éxito cuando aplican fórmulas de colaboración; pues no parece que hoy lo más acertado sea tratar de encarar el futuro desde una perspectiva estrictamente individual. No solo por una cuestión de valores, sino por una razón de puro pragmatismo y efectividad. Porque es indudable que actuar con actitudes y métodos de colaboración contribuye decisivamente a la capacidad de lograr el éxito en los objetivos marcados. Y sé que los directivos sois muy conscientes de todo esto: de que fomentar y asegurar comportamientos y maneras de trabajar colaborativas en vuestras entidades −sumando visiones y puntos de vista diferentes−, contribuye siempre a que se pueda trazar el mejor camino a seguir. 

Es cierto también que la capacidad de afrontar un futuro repleto de incertidumbres requiere no solo de coraje y determinación, sino de la información y la experiencia que aportan otras personas, o que somos capaces de aportar entre todos. Este es el sentido de un ejercicio como el que lleva a cabo vuestra Confederación a través de sus actividades, buscando espacios para compartir y debatir sobre temas de interés económico, financiero y social al tiempo que, con justicia, ponéis en valor la tarea y la propia imagen de los directivos y ejecutivos ante el conjunto de la sociedad. 

A lo largo de los años habéis abordado en estos congresos cuestiones muy diversas de indudable interés y actualidad. En esta edición ─la decimosexta─ os habéis centrado en las oportunidades y los riesgos del directivo en la sociedad digital; un tema de una importancia nuclear en la actualidad porque la digitalización, de manera muy acelerada, nos afecta a todos y en todos los ámbitos, de una manera crítica. Aquí lo habéis enfocado en los cambios que la sociedad tecnológica provoca en la manera en que las empresas se adaptan a las nuevas circunstancias y en cómo se generan nuevas oportunidades para el crecimiento económico y el bienestar social. 

Pero, como también comprobamos a diario, esa gran exigencia de adaptación –y sus tiempos− dificultan mucho la permanente competencia entre las entidades y la capacitación de los profesionales; y además muchos de los riesgos digitales trascienden lo particular para ser comunes en la sociedad, sistémicos, nacionales o incluso globales. 

Y desde el punto de vista apegado a la realidad al que antes hacía referencia, esta vez habéis dedicado una atención especial al sector turístico, que es verdaderamente estratégico para nuestra economía. Es sin duda una buena idea que los expertos y profesionales españoles exploren esta conexión ─digitalización y turismo─ sobre la que, a buen seguro, habrán hecho aportaciones muy útiles y constructivas. 

Desde una perspectiva más amplia, la identificación de los nuevos perfiles profesionales y las distintas oportunidades de empleo que aparecen con la innovación tecnológica en la actual sociedad digital es otra cuestión verdaderamente básica y urgente. Porque la revolución tecnológica que vivimos no debe suponer un obstáculo que cierre o restrinja oportunidades de trabajo, sino un factor que contribuya a mejorar la vida de las personas y a construir sociedades más avanzadas e inclusivas. Esto ─lo relativo al desafío laboral que implicaría la desaparición de puestos de trabajo vinculada al rápido y exponencial avance tecnológico─ es, evidentemente, uno de los grandes retos sociales y económicos de nuestro tiempo. 

Este Congreso ha prestado también una particular atención a la promoción y el crecimiento del talento de los jóvenes directivos contando con el apoyo, la enseñanza y la inspiración de las generaciones más veteranas. Esto es fundamental, y está íntimamente ligado a los valores que deben sostener y guiar la acción del ejecutivo. 

Es el espíritu emprendedor, que debe permanecer siempre y actuar en todos los momentos y procesos de la vida de las compañías y organizaciones, dinamizándolas, y no solo en los momentos iniciales o de arranque de un proyecto empresarial. Es el liderazgo que, como se ha dicho, debe saber orientar actuaciones, agrupar fuerzas e infundir y animar más liderazgo en los equipos: liderazgos inteligentes y generosos que fomenten la excelencia y el compañerismo entre todos los colaboradores. Es la motivación profunda por participar de un proyecto al que se quiere ver crecer y triunfar con el esfuerzo y el compromiso de todos y, siempre, basado en los más sólidos principios. 

Me refiero a la responsabilidad de quienes tomáis decisiones que afectan a muchas personas, no solo accionistas, trabajadores o clientes, sino a los ciudadanos en su conjunto. Me refiero al sentido de solidaridad que, impregnando vuestras actuaciones, ensalza vuestras capacidades y excelencia al beneficiar a otras personas de todo el espectro social.  

Estos son los valores de los directivos y ejecutivos que os hacen acreedores del más justo reconocimiento y por los que merecéis respeto, admiración y afecto. Estoy convencido de vuestro compromiso. 


 Texto publicado en Executive Excellence nº143 dic. 2017.

 

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