Detrás de la mayoría de enfrentamientos armados hay interés económico. Esta es una de las principales ideas que definen la particular visión estratégica de Pedro Baños. Pero no es la única. También está convencido de que para comprender a los pueblos es fundamental entender su historia. “Leyendo la historia se sabía cómo iba a actuar Rusia en el caso de Ucrania”, asegura. 

Una reflexión que, entre muchas otras, recoge en su último libro titulado ‘Así se domina el mundo’, donde analiza los juegos de poder entre diferentes países. La contundencia que muestra en sus opiniones ha convertido al coronel Baños en uno de los especialistas españoles en geopolítica más destacados del país. 

Desde el neoproteccionismo de la era Trump al yihadismo islamista, no hay análisis que se resista a su visión estratégica, marcada por sus años de experiencia militar como coronel del Ejército de Tierra y diplomado de Estado Mayor (actualmente en situación de reserva). 

Experto en Geopolítica, Estrategia y Relaciones Internacionales, Pedro Baños ha trabajado como jefe de Contrainteligencia del Ejército europeo. Es colaborador habitual de todas las cadenas de televisión de España y también de programas internacionales de la CNN y la BBC.

También imparte conferencias en universidades, centros y fundaciones sobre Estrategia, Geopolítica, Inteligencia, Terrorismo, Relaciones Internacionales, Defensa y Seguridad. Además, ha publicado numerosos artículos en prensa, revistas y páginas web y ha colaborado en varios libros. Executive Excellence tuvo la oportunidad de conversar con el analista tras su participación en el diálogo “las claves del poder en el mundo”, organizado por la Fundación Rafael del Pino. 

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: Nicholas Burns, embajador de Estados Unidos ante la OTAN, señalaba en una reciente entrevista concedida a Executive Excellence que la actual generación se caracteriza por no haber vivido crisis bélicas. Juergen Donges, asesor del gobierno de Angela Merkel, confirmaba esta teoría asegurando que hoy en día se considera que la paz está garantizada. ¿Hasta qué punto es negativa esta perspectiva de que no puede estallar una nueva guerra?

PEDRO BAÑOS: Creo que es una percepción completamente errónea. Por un lado, nos encontramos en un contexto muy parecido al que se vivió antes de la Primera Guerra Mundial. Desde que finalizó el conflicto franco prusiano en 1871 hasta que comenzó la gran guerra en 1914, Europa disfrutó de un periodo de paz prácticamente idéntico al que hemos vivido desde la Segunda Guerra Mundial. Existe una percepción generalizada de que no puede estallar una tercera guerra, pero lo cierto es que hay importantes tensiones, especialmente entre Estados Unidos y China, que están teniendo importantes repercusiones en países como Corea del Norte. 

Da la sensación de que la sociedad europea está adormilada, pero muchos jóvenes que sólo han vivido la guerra a través de películas o videojuegos están animados a entrar en conflicto. La juventud les hace ser irresponsables y, además, carecen de información real, por lo que no sería extraño que se movilizaran si alguien les apremia. Sin embargo, ellos creen que no van a sufrir las consecuencias, piensan que sólo van a matar y que no pueden morir. No son conscientes de que en las guerras siempre se producen bajas en los dos bandos. 

Por otro lado, en Europa creemos que hemos alcanzado el cénit de la civilización, porque disfrutamos de un bienestar que no existe en otras partes del mundo. Los niveles de delincuencia en el viejo continente son mucho más bajos que los de la inmensa mayoría de los países, y damos un valor a la vida humana muy superior al que se le otorga en otros lugares. Hay culturas o religiones que no tendrían problema en perder gran parte de su población con tal de ganar un conflicto. 

F.F.S.: Uno de los problemas potenciales más importantes de los próximos años será el agua. Se prevé que China tenga déficit de agua en 15 años. ¿Puede suponer este hecho un foco de tensión?

P.B.: Es un factor que en el ejército se denomina belígero de primera magnitud, porque no solo hablamos de agua consumible, sino también del agua que se utiliza para regar los campos y el agua virtual. Y como es obvio, el calentamiento global no ayuda a resolver este problema. Estamos viendo que las lluvias son cada vez más escasas y vamos a tener que luchar por la supervivencia.

China tiene el agua más contaminada del planeta, pero su consumo va a aumentar considerablemente en los próximos años porque, además de alimentar a la industria, tiene que dar de comer a una población que va a crecer mucho a corto plazo. 

El gigante asiático se está urbanizando muy rápido. El número de personas que vivían en grandes ciudades ha pasado de los 600 a los 1.000 millones en pocos años. La población ya no quiere alimentarse a base de arroz y vegetales, comer carne ocasionalmente y ducharse una vez al año. Ahora quieren vivir y consumir como los estadounidenses. Todo esto tiene un gran coste en agua virtual. Se calcula que una hamburguesa tiene cerca de 200 litros de agua virtual, porque se incluye el agua que ha bebido la vaca y la que se utilizó para regar el pasto que consumió el animal. 

F.F.S.: Las relaciones entre Rusia y Europa han sido bastante tensas en los últimos años debido, entre otras cosas, a todo lo ocurrido con Ucrania y los Países Bálticos. Nos encontramos ante un vecino muy beligerante que incluso ha intentado estimular la independencia catalana. ¿Cómo puede afectar este hecho a la estabilidad europea?

P.B.: Creo que, a pesar de todo, no tenemos que ver a Rusia como un enemigo. Según el gobierno español, algunas de las acciones que promovieron el proceso independentista catalán procedían de territorio ruso, pero esto no significa que el gobierno ruso estuviera detrás. 

Hay que entender que el caso de Ucrania es muy particular. De hecho, creo que Rusia reaccionó de una forma muy moderada en este conflicto. Era evidente que Rusia no iba a prescindir de Crimea ni de su base naval en Sebastopol, porque es su única salida al Mar Negro y, precisamente, una de las reivindicaciones históricas del país es tener salida a mares calientes. Hay que mirar este caso desde un punto de vista más amplio y entenderlo como un enfrentamiento histórico entre Estados Unidos y Rusia en el que Europa es un actor colateral. 

La Rusia actual quiere recuperar su pasado y su orgullo, porque con Boris Yeltsin se había convertido en un títere a nivel mundial, pero no creo que vaya a poner en marcha acciones bélicas contra otros países europeos porque no le conviene en absoluto. 

Lo que verdaderamente le interesaría a Rusia sería una Europa que comprara sus recursos naturales –como el gas licuado- y le vendiera productos de lujo, ya que se ha convertido en un mercado muy interesante para este tipo de artículos y, además, es un país muy accesible por carretera. 

F.F.S.: Pero lo cierto es que, obviando el derecho internacional, Rusia acabó ocupando un territorio que no le pertenecía… 

P.B.: El derecho internacional está excesivamente manipulado por las grandes potencias. En Oriente Medio se ve claramente cómo este derecho se aplica a capricho de los poderosos. 

Siendo estrictos, los únicos que han actuado de acuerdo con el derecho internacional en el conflicto sirio han sido Rusia e Irán, ya que sólo estos dos países estaban legitimados por el gobierno de Damasco a entrar en su territorio. 

Todos los demás países han bombardeado sin justificación ni resolución de Naciones Unidas. Por eso, las grandes potencias tendrían mucho que callar sobre la utilización del derecho internacional. 

F.F.S.: La ciberguerra se ha convertido en un problema de gran calado. ¿Puede influir en el equilibrio mundial?

P.B.: La ciberguerra es una realidad que vivimos todos los días, no es un futurible. Es el nuevo escenario de confrontación en el que estamos permanentemente inmersos, sobre todo las grandes potencias. Por eso, es importante entender que, al igual que en el plano físico tenemos soldados, en el ámbito cibernético tiene que haber cibersoldados. 

Recientemente Estados Unidos ha elevado a mando estratégico su departamento de ciberguerra. En países como Inglaterra o Alemania se van a contratar miles de cibersoldados. Es una cuestión cada vez más relevante porque nos dirigimos a un mundo en el que la inteligencia artificial y los ordenadores cuánticos van a controlar todo nuestro entorno. Es importante garantizar que todo funcione correctamente y, para ello, necesitamos buenos sistemas de defensa. 

F.F.S.: El pasado verano la Unión Europea creó el Fondo Europeo para la Defensa dotado con 500 millones de euros para impulsar las sinergias entre los ejércitos europeos. ¿Cree que es necesario crear una política de defensa común Europea que aumente la eficiencia y la productividad?

P.B.: Si Europa quiere sobrevivir tiene que reinventarse completamente. Ahora mismo el proyecto está muy fragmentado. El bloque contaba con dos importantes potencias nucleares y, tras la marcha del Reino Unido, se ha quedado únicamente con una. 

El problema de los refugiados también está impactando fuertemente. La UE había previsto repartir 260.000 refugiados sirios entre todos los países y, dos años más tarde, seguimos sin acogerles. Algunos países se están negando a recibirlos incumpliendo las directrices europeas, porque no quieren tener personas de religión musulmana en su territorio. Esto quiere decir que ni siquiera en las cosas más sensibles somos capaces de ponernos de acuerdo. 

Para que una alianza militar funcione y tenga una cierta permanencia en el tiempo necesita una percepción de amenaza común y existencial, algo que no existe en Europa. 

Por otro lado, la UE ha sufragado la creación del Fondo, pero, ¿quien va a financiarlo en el futuro? Existe una enorme disparidad en el presupuesto que cada nación destina a defensa. Algunos países no llegan al 1% y otros superan el 2%. Al final, el país que aporte más dinero será el que marque las pautas, al igual que ocurre en la OTAN. Además, el tamaño de los países es muy diferente, y los grandes nunca van a ceder el privilegio de ser ellos quienes dominen la situación. 

Asimismo, no podemos olvidar que, aunque dentro de Europa somos aliados militares, seguimos siendo competidores económicos y, por tanto, pueden surgir complicaciones a la hora de conseguir contratos.  

A todo esto hay que sumar los problemas estructurales que tiene de por sí el bloque comunitario como, por ejemplo, el futuro de las pensiones, o la creciente aparición de una juventud cada vez más decepcionada.

Todas estas razones me hacen pensar que es muy difícil que este proyecto llegue a funcionar, sobre todo en un contexto mundial como el actual. Europa está retrocediendo en el campo económico, no sólo frente a Estados Unidos, sino también frente a China que va a intentar apoderarse de Europa desde el punto de vista económico. 

F.F.S.: Se está produciendo dentro de Estados Unidos un traslado económico de la Costa Atlántica a la Costa Pacífica. Si para los baby boomers Europa era un entorno emocionalmente próximo, hoy los jóvenes están muy orientados a la cultura asiática. ¿Como puede afectar a Europa este cambio estratégico?

P.B.: Es cierto que Europa se está quedando descolgada y el mundo se está volcando hacia Asia, pero fundamentalmente por una cuestión demográfica. Más de la mitad de la población mundial está concentrada en esta zona. India, por ejemplo, está ganando mucha fuerza. Cuenta con 1.300 millones de personas, y la población crece a pasos agigantados. Además, es un país con un alto nivel de tecnificación, puntero en el ámbito espacial, que ha sabido aprovechar muy bien la deslocalización y con unas élites que hablan perfectamente inglés. Su industria cinematográfica, Bollywood, ya produce más películas que Hollywood y tiene una gran aceptación en el mundo. Algo parecido ocurre con Corea del Sur, Japón o Filipinas. 

Ya no se trata de países atrasados, sino que se han convertido en líderes tecnológicos debido a la deslocalización industrial, y esto hace que las grandes potencias quieran hacer negocios con ellos. 

La principal ventaja que tenía Europa era la tecnología, pero se está vendiendo a las principales empresas chinas a precio de saldo. Es difícil comprar una start up estadounidense, porque este tipo de empresas cuentan con el apoyo del Estado, las compañías de capital riesgo o, incluso, las universidades. Pero en Europa la mayoría de las start up no tienen respaldo económico. 

Por ejemplo, hace unos meses Alemania vendió a China Cuca, la empresa de robótica más importante del país. También Italia les ha vendido Pirelli, que era un símbolo nacional. Y se han quedado con las principales empresas y el banco estatal de Portugal. Europa está perdiendo todas sus ventajas estratégicas y esto, a la larga, tendrá consecuencias. 

Es fundamental reflexionar sobre los problemas que tiene Europa y volver a crear ilusión en los europeos, porque gran parte de la población, especialmente los jóvenes, están desilusionados y esto hace que terminen atrapados en movimientos radicalistas.  

F.F.S.: ¿Cómo se puede conseguir ilusionar de nuevo a los europeos?

P.B.: Rediseñando el proyecto común. Mucha gente lo ve como un fracaso, quizá porque se ha incluido a países que no estaban lo suficientemente mentalizados o preparados como para involucrarse. Algunas personas se sienten marginadas de la sociedad y culpan de ello a Europa. Por lo tanto, tiene que ser un proyecto más inclusivo y más social, pero no a través de ayudas económicas, sino dando oportunidades reales a todo el mundo. 

Por ejemplo: a pesar de todo el progreso, la justicia social no es absolutamente real. El número de licenciados en España en 1977 era de un 3%. Actualmente se calcula que hay un 30%. Las titulaciones universitarias han perdido valor, y lo que marca la diferencia hoy en día son los cursos de postgrado. Sin embargo, en aquel momento se salía de la universidad siendo un gran señor y con el futuro asegurado. Hoy en día de ese 30% que sale de la universidad únicamente el 3% tiene el futuro asegurado y, en muchos casos, es porque su contexto familiar y social les permite enlazar con un puesto de trabajo. El otro 27% está igual o peor que en el año 1977. Por lo tanto, habrá una parte importante de la población bien formada pero decepcionada porque, seguramente, no va a encontrar un trabajo relacionado con su formación y, si lo encuentra, ganará muy poco dinero, casi la mitad de lo que gana su abuelo pensionista. 

F.F.S.: A esta situación tan poco halagüeña que describe se une el envejecimiento poblacional, la llamada grey revolution, que exige políticas enfocadas a mejorar su bienestar. ¿Cree que el aumento de este grupo puede condicionar a los gobiernos en detrimento de otras políticas como defensa?

P.B. Efectivamente, actualmente hay dos monstruos que rugen con fuerza y que van a provocar una revolución diferente a otras que hemos vivido hasta ahora. Por un lado, el número de personas mayores va a crecer considerablemente, porque se calcula que la esperanza de vida aumentará hasta los 120 años sin dificultades en los próximos 30 años. Y, por otro, los jóvenes, que nunca podrán trabajar en aquello para lo que ha estudiado. Y, en el caso de que lo hagan, necesitarán seguir recibiendo ayudas porque los trabajos son cada vez más precarios. Es un fenómeno que nunca antes se había dado, pero que va a generar un gran choque. 

Históricamente la juventud ha sido rebelde, pero tenía la esperanza de vivir al menos como lo hacían sus padres. Actualmente lo que se ofrece es vivir peor. A esto hay que sumar una población mayor que quiere mantener el nivel de vida que ha conseguido a lo largo de los años. 

Europa tiene un grave problema de envejecimiento poblacional y bajada de natalidad. Algunos países, como Francia, están haciendo esfuerzos por incentivar la natalidad, porque es la única manera de mantener la tasa de reposición mínima establecida por Naciones Unidas en 2,2 hijos por mujer fértil.

Mientras tanto, África duplica su población cada 20 años. En Mali, por ejemplo, las mujeres tienen una media de siete hijos, y gracias a los adelantos médicos casi todos sobreviven. Muy pronto Europa va a vivir un proceso de africanización, y esto va a generar importantes tensiones sociales. 

F.F.S.: Entonces, según plantea, se acabará produciendo una conquista por explosión demográfica… 

P.B.: Este hecho en sí no sería negativo, pero va a modificar el contexto social. Por ejemplo, Londres tiene un alcalde musulmán pero, ¿qué pasaría si un musulmán fuera elegido presidente de un país y nombrara a un gabinete que practicara también esta religión? Podrían imponer la ley sharia, al igual que ha ocurrido en algunos países musulmanes. Hay ejemplos históricos que lo demuestran: Francia creó el Líbano como estado cristiano, pero hoy es, en su mayoría, musulmán.

Por eso, creo que es fundamental conservar los valores democráticos tal y como los entendemos hoy en día, independientemente de la religión que se practique.  

F.F.S.: Usted asegura que a lo largo de la historia se han cometido una serie de errores geopolíticos que se siguen repitiendo. ¿Existen soluciones que no se aplican por la política cortoplacista de los gobiernos?

P.B.: Una de las principales debilidades de la democracia es la alternancia política. En principio, es algo maravilloso para evitar que el poder se enquiste pero, por otro lado, hace que los políticos estén más pendientes de ganar las próximas elecciones que de hacer políticas a largo plazo. 

En países como China o Rusia se plantean políticas a 30 o 50 años vista. Estados Unidos también lo hace, pero nosotros tenemos un futuro muy preocupante. Si Europa no empieza a generar políticas de Estado solventes y consensuadas con todos los grupos políticos, va a seguir retrocediendo.

Hay cuestiones muy sensibles, como la inmigración, que no pueden ser utilizadas como armas arrojadizas. Es inconcebible que existan partidos xenófobos y racistas que se nieguen a la entrada de refugiados cuando necesitamos que venga gente joven para hacer frente al envejecimiento poblacional, pero tampoco es acertado que otros partidos apuesten por acoger a todos los refugiados, porque eso crearía convulsión social y graves problemas económicos. 

F.F.S.: Los grandes pensadores de management aseguran que los entornos gestionados por mujeres son más objetivos. ¿Por qué los problemas geoestratégicos nunca se plantean desde la perspectiva de género?

P.B.: La verdadera igualdad se habrá alcanzado cuando hablemos de seres humanos, no de género. Hay personas válidas y no válidas en todos los campos. Últimamente hemos tenido el ejemplo de varias mujeres como Park Geun-hye, primera mujer presidenta de Corea del Sur, Dilma Rousseff, presidenta de Brasil o Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, que han realizado una gestión manifiestamente mejorable. La francesa Marine Le Pen tampoco es el mejor ejemplo de pacifismo, y la misma Hillary Clinton aseguraba en su programa electoral que se enfrentaría a Rusia si llegaba al poder. Por eso, es importante hablar de personas, independientemente del género, acabar con la discriminación, incluso con la positiva, y juzgar a las personas por su valor intrínseco. 

Uno de las principales trabas es la formación que los jóvenes reciben actualmente, que está basada casi por completo en la ciencia y la tecnología. Todo lo que tiene que ver con las humanidades se está perdiendo. Es importante recuperar esta espiritualidad, que es lo que nos forma como hombres, porque si no nos convertiremos en robots. 

En general, la mujer tiene una capacidad especial para ponerse en el lugar de los demás, muchas actúan como un hombre orquesta que, además del trabajo, tiene que ocuparse de otras muchas tareas que denominamos tradicionales. Y aunque cada vez hay más mujeres involucradas en la ciencia, todavía no son suficientes. Si queremos que la ciencia recupere ese componente humano, es fundamental dar visibilidad a la mujer. 

En el ámbito de la inteligencia, por ejemplo, siempre he dicho que las mujeres tienen una sensibilidad especial porque tienen mayor capacidad lingüística y más empatía a la hora de relacionarse con los demás. 


Pedro Baños, coronel del Ejército de Tierra, diplomado del Estado Mayor, analista y conferenciante.

Texto publicado en Executive Excellence nº144 ene. 2018.

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