Los recursos energéticos han sido pilares fundamentales sobre los que se ha sustentado el orden internacional durante la edad moderna, y también los principales responsables de la evolución que ha experimentado la humanidad en los últimos años. El carbón y el vapor impulsaron el auge del imperio británico en los siglos XVIII y XIX. Más tarde, el petróleo y el gas se erigieron como el motor de un imperio americano liderado por Estados Unidos. Asimismo, las bombas nucleares lanzadas sobre Japón a finales de la Segunda Guerra Mundial dieron inicio a una floreciente industria nuclear que, pese a contar con numerosos detractores, se convirtió en una opción imprescindible para el desarrollo de la sociedad. Poco más tarde, las energías renovables comenzaron a introducirse en el sistema como una alternativa a las energías tradicionales, tanto por su disponibilidad presente y futura garantizada como por su menor impacto ambiental. Y en la actualidad, una serie de aplicaciones originadas en el sector eléctrico han posicionado al litio como un recurso energético de primera línea en el mercado mundial. 

Los recientes cambios están impactando con fuerza en la distribución del mix energético que se prepara ya para afrontar el fin de la era del petróleo fácil y la inminente llegada del temido 'peak oil', es decir, el punto en el cual la extracción de hidrocarburos será incapaz de hacer frente al aumento de la demanda. 

De hecho, se calcula que en el 2040 el suministro energético del planeta se reparta a partes iguales entre el petróleo, el gas, el carbón y las energías limpias. Pero hasta que eso ocurra, es necesario tomar medidas que faciliten la transición hacia un modelo de producción libre de energías contaminantes. 

Tal y como afirmaron los expertos reunidos en el 15 Encuentro del Sector Energético organizado por IESE y Deloitte, la energía se ha convertido en un aspecto clave para la planificación estratégica de los estados, que buscan mayores niveles de seguridad energética en cuanto al suministro, estabilidad en el abastecimiento, accesibilidad al recurso y la sostenibilidad medioambiental.

Gonzalo Escribano, director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano

La erosión del orden liberal

Los cambios energéticos que están teniendo lugar en los últimos años amenazan con romper el orden hasta ahora establecido. 

La competencia geopolítica global se está intensificando. En el campo de la energía, concretamente, se está experimentando un aumento de la geopolítica especialmente acusado en la segunda mitad del siglo pasado, que seguirá acelerándose en los próximos años. Más allá del oil and gas, cada vez cobran más fuerza los nuevos productores de energías renovables hacia las que se ha desplazado buena parte de la demanda mundial de energía. 

El famoso experto en estrategia Ian Bremmer, en su informe sobre las perspectivas para 2018, asegura que nos encontramos en un momento parecido al inicio de la crisis en 2008. Es decir, el número de incertidumbres geopolíticas que se han acumulado últimamente es tan fuerte y el deterioro estructural del orden basado en los valores occidentales es tan acelerado, que se se pueden dar importantes acontecimientos geopolíticos no necesariamente positivos. 

El historiador Charles Powell publicó hace unos meses un artículo sobre el declive del orden liberal, donde pone de manifiesto la creciente emergencia de los poderes revisionistas –como Rusia o China- que apuestan por analizar el orden liberal establecido y fomentado por Occidente. 

Sin embargo, este movimiento no es nuevo. Hace algunos años asistimos al denominado “multilateralismo contestado”, una iniciativa a través de la cual los países emergentes crearon organizaciones como el Banco de Desarrollo de los Brics o la OPEP+, que se presentan como alternativas a las instituciones occidentales como Naciones Unidas o el Fondo Monetario, y que siguen una línea no alineada con los valores del orden liberal. 

Según el analista Bruce Jones, nos encontramos sumergidos en un mundo bipolar asimétrico que ha desplazado el histórico orden multipolar. Ahora el núcleo mundial está formado por Estados Unidos y China, y alrededor de estos dos países orbita un modelo económico que sí es multipolar, formado por importantes actores que varían en función de los ámbitos sectoriales o de las alineaciones regionales. 

Esta situación se encuentra brillantemente descrita en el libro Todas las medidas salvo la guerra, de Thomas J. Wright. La obra sostiene que nos encontramos en un escenario similar al de finales del siglo XIX que está llegando a un punto de ruptura en el que todo, menos la guerra, puede pasar.

Los grandes actores mundiales están dispuestos a probar diferentes estrategias entre las que se encuentran la diplomacia coercitiva, el proteccionismo o la ciberguerra, que les permiten ir ganando terreno poco a poco sin atacarse abiertamente. De esta forma, el enfrentamiento armado únicamente tendría lugar en países periféricos. 

Esta estrategia plantea serias dificultades a la hora de trabajar en el orden multilateral y asegurar el orden liberal que queremos preservar. Para Wright es posible negociar con China, porque el país está dispuesto a conservar determinados elementos de este orden que le benefician, como el libre comercio, el acuerdo de París, o la apertura de los flujos marítimos, si bien hay otros elementos con los que no comulga, como la promoción de la democracia, de unas instituciones transparentes, del buen gobierno de los recursos energéticos. Sin embargo, Wright asegura que con Rusia no se puede trabajar, y propone contenerla hasta que se produzca el declive geopolítico al cual está abocada. 

El escritor afirma que las potencias occidentales se mueven a través de una competencia estratégica pero responsable, en la que se intentan preservar las normas básicas del orden multilateral. Pero advierte de que sería necesario ajustar las expectativas y ser más modestos a la hora de modelar el mundo a nuestra imagen y semejanza. 

Hacia un pragmatismo con principios

Con una situación como la descrita, podríamos decir que nos encontramos inmersos en un liderazgo distribuido en el que se pueden distinguir claros núcleos de poder. Algo que también se puede apreciar en Europa, especialmente tras la aprobación de la política que rige las estrategias exteriores de la UE. 

Así, una de las prioridades de Europa siempre ha sido la promoción de la democracia. Históricamente el viejo continente ha sido una potencia idealista que pretendía promover y exportar valores liberales basados en su forma de entender la convivencia, el mundo, las instituciones y los mercados. 

Pero últimamente se ha vuelto más cauto. El leitmotiv de la estrategia que se aprobó el año pasado es el “pragmatismo con principios”. Esto significa que Europa se está desprendiendo de ese concepto idealista de valores normativos y está cayendo en el realismo del escenario mundial compuesto por relaciones que se mueven en una mesa de billar repleta de bolas anárquicas que defienden los intereses nacionales. Con la aprobación de la nueva política, Europa trata de evitar que se caiga en un realismo estricto y mantener un realismo liberal que preserve el orden liberal en la medida de lo posible. 

La UE ya no quiere promover la democracia ni los derechos liberales. Ha llegado a la conclusión de que no sabe hacerlo y de que ha fracasado en el intento. 

La palabra clave de los nuevos tiempos es resiliencia, y este concepto se aplica en la estrategia europea a través del ámbito social y también del medioambiental. Particularmente creo que la palabra resiliencia enmascara un abandono de nuestros valores. Se dice, por ejemplo, que en la Unión Europea tiene que primar la resiliencia en los países de la vecindad sur. Pero estos regímenes ya son resilientes sin necesidad de que nadie les ayude. Por eso, creo que este tipo de resiliencia es negativa, es un concepto trampa que lo único que hace es enmascarar una renuncia a valores que no sabemos o no queremos defender. 

Aceleración geopolítica de los mercados energéticos

El último informe de International Crisis Group recoge los 10 conflictos que tendrán mayor impacto en 2018, y seis de ellos tienen relación directa con la energía: Arabia Saudí, Siria, Argel, Argelia, Ucrania y Venezuela. Y los restantes focos de tensión también están relacionados con este ámbito. Por ejemplo, el conflicto palestino-israelí tiene importantes repercusiones sobre la geopolítica de Oriente Medio, y en Irán los kurdos están en plena revolución verde. Por lo tanto, prácticamente hay un pleno al 10. 

En los últimos tres meses, Europa ha recibido la visita de multitud de delegaciones procedentes de Oriente Medio. Y estos viajes no son gratuitos. La región tiene un gran interés por Europa, y lo demuestra a través de un intenso activismo diplomático que puede generar tensiones en el futuro. 

Pese a todos los conflictos que existen en la zona, los gobiernos han sido capaces de sentarse en una mesa y llegar a un acuerdo para crear la OPEP+ y reforzar la producción. La respuesta es clara: ante problemas verdaderamente críticos son pragmáticos y resilientes. 

Por tanto, este multilateralismo contestado del que hablábamos antes es un movimiento que ha llegado para quedarse. Uno de los exponentes más claros es la entrada de Rusia en la OPEP+ que, bajo mi punto de vista, es la declaración más rápida del estatus internacional de un país que se ha visto en la historia.  

Argelia, elemento desestabilizador

Argelia es un país clave desde el punto de vista geopolítico, que tiene capacidad para desestabilizar todo el Norte de África. Además, cuenta con un petróleo de muy alta calidad que se encuentra por encima del valor del Brent. 

En 2016 y 2017, el país aprobó unos presupuestos muy austeros. El gobierno había implantado una fuerte política de austeridad para mantener los presupuestos reduciendo subvenciones y sin aumentar los salarios. Pero en 2019 hay elecciones presidenciales, y esto significa que la economía ha comenzado a reactivarse. Así, este año se comenzarán a incluir gasto para llegar a 2019 aumentando las posibilidades de reelección. 

Han decidido cebar la máquina monetaria, financiar el déficit mediante la monetización y aumentar los ingresos fiscales por la subida del petróleo, pero todo esto generará inflación que se reflejará cuando ya esté elegido el presidente. El problema es que hasta que no se reafirme el nuevo gobierno, no comenzarán a tomarse decisiones importantes que impactarán en el sector energético. Por ejemplo, en 2017 se tenía que haber reformado la ley de hidrocarburos, pero el proyecto se ha aplazado hasta finales de 2018. 

Otras geopolíticas de las renovables

Las comunidades de red van a tener una gran importancia en los próximos años. El sistema energético está cada vez más electrificado, y esto significa que se van a necesitar interconexiones. Si esto no ocurre, se acabará creando un modelo de mercantilismo renovable en el que, problemas que a día de hoy no tienen demasiada importancia, como la dependencia de los minerales, pueden convertirse en situaciones comprometidas. 

En Marruecos, por ejemplo, las energías renovables están rodeadas de una importante geopolítica. Marruecos está planeando construir centenares de megavatios en instalaciones de energía renovable en el Sáhara. Sin embargo, el año pasado la Corte de Justicia de la Unión Europea emitió una sentencia según la cual el Sáhara Occidental no forma parte de Marruecos, por lo que este territorio no se puede beneficiar del acuerdo de libre comercio que la antigua colonia española mantiene con la UE, generando importantes trabas a la exportación de energía al viejo continente, algo que ha creado un importante malestar en la zona. 

El impacto de las nuevas tecnologías

La ciberpolítica se ha convertido en un importante acelerador de los movimientos geopolíticos internacionales. El primer ciberataque energético se produjo en 2012, cuando Estados Unidos atacó a Israel con el objetivo de ralentizar las centrifugadoras israelíes. Desde entonces ha habido varios movimientos, especialmente en Irán, para cerrar las redes sociales. Generalmente, los grandes agresores son también los más atacados. Así, Irán, Israel, Rusia y China se han convertido en las grandes ciberpotencias. 

En 2017 la crisis de Catar se inició porque unos hackers se colaron en un portal de noticias de Catar atribuyendo opiniones falsas al emir del país. Esto provocó el bloqueo del país por parte de Arabia Saudí y Emiratos Árabes. 

Además, los ciberataques tienen importantes ventajas, porque cuentan con un potencial disruptivo muy elevado a un coste muy bajo. También es mínimo el coste político, porque es muy difícil detectar y demostrar que un país ha llevado a cabo este tipo de acciones. No dejan rastro y no suelen tener represalias. Además, actúan como un extraordinario acelerador, porque permiten un despliegue rápido y un repliegue aún más rápido. 

Luis Aires, presidente ejecutivo de BP España y Portugal

El BP Energy Outlook prevé que el PIB mundial se duplique hasta el año 2035 principalmente por dos razones. En primer lugar, el crecimiento poblacional. La población mundial crecerá en 1.500 millones de personas contribuyendo a un aumento anual del PIB del 1%. Y por otro lado, se espera un importante repunte de las rentas per cápita en los países en vías de desarrollo. Se calcula que hecho aportará un aumento del 2,5% al PIB. Además, será uno de los grandes factores de desarrollo económico y de demanda de energía. 

Desde hace unos años hemos empezado a constatar que cada vez hace falta menos energía para hacer crecer el PIB. La denominada intensidad energética va decreciendo con el tiempo, porque está estrechamente relacionada con la eficiencia energética y con la intensidad de los sectores, es decir, los sectores terciarios consumen menos energía, y son los que más están creciendo en los últimos tiempos. En este sentido, el informe revela que para duplicar el PIB, se necesitaría que la demanda energética creciera en torno a un 30%. 

El mix energético también experimentará cambios a futuro. La mitad de la energía procederá de las renovables, principalmente eólica y solar, y el resto provendrá del gas y del petróleo. De esta forma, es muy probable que en 2040 alcancemos el mix energético más diverso que ha existido hasta ahora, ya que estará compuesto en un 25% por petróleo, un 25% gas, un 25% carbón, y otro 25% combustibles no fósiles –la mitad renovables y el resto energía nuclear e hidráulica-. 

Desde el punto de vista de la demanda, el sector petrolero está pendiente de alcanzar el famoso peak oil (pico petrolero) pero, afortunadamente, la alarma se ha reducido en los últimos tiempos. Hay demasiada literatura sobre este tema, y muchos analistas intentan adivinar cuándo se producirá esta circunstancia como si, a partir de ese momento, la industria estuviera abocada al fracaso. 

Sin embargo, este hecho no es tan relevante como pueda parecer, especialmente porque todo apunta a que la caída de la demanda será suave. De hecho, en España ya se ha alcanzado el peak oil. En el año 2005 la demanda de productos petrolíferos alcanzó las 75 toneladas, una cifra que no se va a ver de nuevo en nuestro país. En el mercado doméstico, el consumo está creciendo y lo seguirá haciendo durante algún tiempo, pero es obvio que en algún momento volverá a caer. En cambio, esto no tiene por qué crear un disrupción, siempre y cuando las empresas seamos capaces de adaptarnos a los tiempos. 

Por ejemplo, entre 2005 y 2014 la demanda cayó un 28%, y lejos de recortar presupuestos, las empresas del sector apostamos por invertir en las refinerías para aumentar la eficiencia. Gracias a esto, aumentamos la capacidad de producción en un 7% y pudimos salir al mercado exterior. Con esto quiero decir que somos una industria competitiva, y que existe futuro tras el pico de demanda. 

Más inversión en petróleo

Los pozos de petróleo tienen una tasa de depreciación que la industria cifra entre un 4 y un 6%. Esto significa que si dejásemos de invertir en exploración y producción, dentro de 20 años la producción de petróleo sería la mitad de la que hay ahora. Con estas cifras sería completamente imposible cubrir la demanda esperada de petróleo. Debemos seguir invirtiendo en exploración y producción para ser capaces de satisfacer la demanda de productos petrolíferos. 

En este momento, las compañías del sector no tenemos reservas a 90 años, nuestros horizontes son mucho más cortos pero, aun así, no considero que sea un problema en el corto y medio plazo. 

En cualquier caso, debemos ser conscientes de que el petróleo se va a acabar en algún momento, y esta escasez o percepción de escasez, va a dominar el mundo en los próximos años. 

El comportamiento lógico de los países productores sería racionar el petróleo para que el precio fuera subiendo en las próximas décadas y así maximizar las rentas para el país. Este ha sido, hasta el momento, el comportamiento de los países de la OPEP. Pero esta política también tiene un riesgo, y es que si se deja pasar mucho tiempo, la tecnología seguirá desarrollándose y volviéndose más competitiva, de forma que surgirán nuevos competidores tanto en el ámbito convencional como en el no convencional. También pueden intentar vender ahora las reservas y evitar así que su valor disminuya con el tiempo. 

Actualmente, la cifra de reservas conocidas y extraíbles con la tecnología actual es el doble que la de la demanda de productos petrolíferos que se espera de aquí a 2050. Teniendo en cuenta que se seguirá explorando, la relación es de tres a uno. Esto quiere decir que el paradigma en el sector del petróleo y el gas está cambiando. Tenemos abundancia de recursos, y es lógico pensar que el petróleo, dentro de unos años, será más barato que ahora. Por eso, aquellos países con el coste de extracción más bajo, barrerán a los que tienen un coste de extracción más alto. 

Los países de Oriente Medio como Arabia Saudí, Irán, Irak, Emiratos Árabes y Kubait, tienen costes de extracción por debajo de los 10 dólares por barril. Y la suma de las reservas conocidas y probadas que hay en todos los países de Oriente Medio son suficientes para satisfacer la demanda de aquí a 2050. Pero a estos países no les interesa eliminar al resto de sus competidores, porque tienen una economía fuertemente dependiente del petróleo. 

El break even para todos estos países se encuentra entre los 50 y los 60 dólares por barril. Los bajos precios del petróleo que se registraron hace dos años, impulsaron las cifras por debajo del equilibrio, y esto afectó mucho a las economías de las zonas productoras. Es posible vivir algún tiempo en este entorno si se aumenta el endeudamiento y se reducen los costes sociales, pero se corre el riesgo de que se desaten revueltas populares. 

Por tanto, la solución a largo plazo para todos estos países sería reestructurar la economía invirtiendo en la activación de sectores no petroleros que puedan generar riqueza en el futuro, pero estas reconversiones son tremendamente difíciles y necesitan enormes periodos de tiempo para llevarse a cabo.  

Así, la futura evolución del precio del petróleo tendrá mucho que ver con la habilidad que tengan los países de Oriente Medio a la hora de gestionar estos costes sociales. 

Ignacio Araluce, presidente de Foro Nuclear

La energía nuclear responde, en realidad, a una fórmula muy simple: E=mc2. Esto quiere decir que la energía de un cuerpo en reposo (E) es igual a su masa (m) multiplicada por la velocidad de la luz (c) al cuadrado, o dicho de otra forma, con la energía de un vaso es posible abastecer el 20% del consumo energético de España durante un año entero. La energía del universo es gigantesca, el problema es que todavía no sabemos cómo obtenerla. Únicamente podemos obtenerla en dos situaciones extremas: a través de elementos muy pesados de la naturaleza, o utilizando elementos muy ligeros. 

Los elementos pesados –como el uranio y el plutonio– consiguen transformar una parte de esa masa en energía. En este ámbito, sí contamos con tecnología capaz de conseguirlo, y también en el campo de los elementos ligeros, puesto que juntando dos núcleos muy pequeños conseguimos crear uno más grande, y parte de esa transformación se convierte en energía. Una energía que, además, es mayor que la de los elementos pesados. 

El principal problema es que la energía nuclear se hizo popular socialmente por dos hechos terroríficos: las bombas de Hiroshima y Nagasaki. En ese momento el ser humano se dio cuenta de la potencialidad que tenía este tipo de energía, y es una traba a la que nos enfrentamos diariamente los productores de energía nuclear. 

Sin embargo, esta tiene grandes ventajas desde el punto de vista comercial. Independientemente de esa aceptación o rechazo social, el control de la energía nuclear desde el punto de vista técnico está muy desarrollado. Y es que todos los reactores de fisión que tenemos son estables per se porque son autorregulables.  

Una realidad importante y fiable 

En general, la historia de la energía nuclear es exitosa, aunque es evidente que también ha experimentado algunos fracasos. Los accidentes más graves son, básicamente, tres: Three Mile Island (Pensilvania, Estados Unidos) que no tuvo implicaciones externas; Chernobil (Ucrania) con graves implicaciones externas, y Fukushima (Japón), que registró implicaciones externas medias. Evidentemente, este tipo de accidentes consternan a la sociedad. 

Los productores somos conscientes de lo que significa la energía nuclear, pero es necesario reconocer que esta ha sabido responder a cada uno de esos desafíos con desarrollos tecnológicos importantes que han incrementado notablemente su seguridad y la han convertido en un actor muy relevante en la generación de energía eléctrica. En España, concretamente, es la fuente de mayor generación de energía eléctrica, lo que quiere decir que es una realidad importante y fiable. 

La seguridad nuclear se enfrenta, básicamente, a tres desafíos: la gran energía que generan los núcleos cargados que se encuentran en una central nuclear y que potencialmente puede disiparse; la energía que se sigue produciendo en las centrales nucleares una vez paradas, y la generación. Pero es importante decir que existen desarrollos tecnológicos capaces de hacer frente a estos tres retos. 

Por otro lado, la energía nuclear es muy limpia, ya que no emite CO2, y es una industria clave desde el punto de vista estratégico, porque las reservas de uranio son suficientes para los próximos 150 años. Además, el uso de este material no es intensivo ya que cada vez que se carga un núcleo de uranio en el reactor se genera energía suficiente para año y medio. 

En definitiva, la energía nuclear está viva y en constante crecimiento. Se están construyendo 59 reactores en el mundo y la potencia nuclear instalada está aumentando, especialmente en Asia. Desde el punto de vista geopolítico genera cierta incertidumbre que en los países muy dirigidos la energía nuclear esté adquiriendo un gran auge, mientras en otras zonas como Europa, esta energía está cada vez más denostada. 

José Antonio Espí, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

El litio representa una oportunidad ineludible para transitar hacia un nuevo paradigma en el que las energías renovables cada vez van a tener más fuerza. 

Este material lleva bastante tiempo utilizándose en España, pero en los últimos años se ha convertido en un elemento imprescindible. Uno de los aspectos que más ha influido en la revalorización del litio es su papel como recurso importante para la fabricación de baterías. 

Las baterías Li-Ion son la apuesta del sistema de energías renovables como medida que ayude a mitigar los daños ocasionados por el uso de recursos no renovables y hacer frente a los problemas ocasionados por el cambio climático. En este sentido, el litio se perfila como una de las opciones más efectivas para reemplazar los combustibles fósiles.

De hecho, la pérdida de la hegemonía petrolera está favoreciendo que aquellos países con reservas en nuevos materiales como el litio o el cobalto se conviertan en importantes actores energéticos de cara a los próximos años. 

Energía para el futuro

Se prevé que el consumo de litio aumente en los próximos años impulsado por la eclosión del internet de las cosas y otras aplicaciones tecnológicas. El horizonte de uso intensivo de este material se estima entre los años 2035–2045, por lo que su consumo tiene aún un espectro bastante amplio de demanda intensiva en el mercado mundial.

Las reservas de litio parecen estar aseguradas, pero la producción no está ausente de dificultades y su precio no para de aumentar. Por una tonelada de carbonato de litio en el año 2011 se pagaban 4.000 dólares; hoy el precio supera los 14.000. 

El principal problema del litio es la solidez de la cadena de suministro. En este momento existen 40 millones de toneladas de recursos, y de aquí a 2050 se prevé que las necesidades de litio sean de 15 millones.

Además, no todos los recursos están concentrados. Australia es el mayor productor, seguido por Chile y Argentina. Países como China, Canadá, México y USA, entre otros, también tienen instalaciones ya operativas o en fase de prospección. 


Gonzalo Escribano, director del programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano; Luis Aires, presidente ejecutivo de BP España y Portugal; Ignacio Araluce, presidente de Foro Nuclear, y José Antonio Espí, catedrático de la UPM. 

Texto publicado en Executive Excellence nº145 feb. 2018. 

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